EL PAÍS HOY

Ernesto Soto Paez

Trolebuses del terror

El sistema de transporte eléctrico de la Ciudad de México, tradicionalmente llamado Trolebús, ya perdió su tono nostálgico que lo hacía parte del entorno capitalino “de aquellos tiempos, hoy un viaje puede ser de terror por los constantes asalto que se dan a bordo y por lo incomodo de las unidades.

En días pasados, un diario de circulación nacional, dio a conocer que un grupo de operadores del Trolebús denunciaron que las extorsiones a bordo de dicho servicio de transporte ocurren en varias de sus líneas, en especial la que corre sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas, en el tramo que cruza las delegaciones Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero.

Esos troles, no son los únicos, aunque ya es costumbre que desde la colonia Casas Alemán hasta el paradero del Metro Hidalgo, suba un sin fin de vendedores, cantantes, menesterosos, ex empleados que piden una coperacha, limosnero sudamericanos y los amenazantes dulceros.

El caso es, ¡qué raro!, que nadie los para, cuando antes les estaba prohibido el acceso. Por el costo de un largo viaje, este transporte es el preferido por las personas de la tercera edad, muchos en muletas o sosteniéndose sobre un bastón. Otros a duras penas pueden caminar y lo que se observa es que son hombres que se sostienen con una ayuda del gobierno federal o citadino.

Pues sí, a ellos es a los que suben a extorsionar y aunque sea un peso, pero esa moneda les hace falta. Hace poco un anciano corpulento le hizo frente a dos sujetos que aduciendo que recientemente habían salido del Reclusorio Norte, pedía “esa monedota que traen porque necesitamos pa’un taco”. El anciano les grito que él, a sus años, seguía trabajando y no andaba pidiendo nada y que ellos aun estaban jóvenes para trabajar. Los dos jóvenes se bajaron amenazando al anciano.

Lo que pasa es que por su edad, los viajeros tienen miedo de negarse, son semi inválidos, tienen poco vigor para enfrentar a los malvivientes y prefieren dar el dinero que les hace falta, en lugar de pelear.

Efectivamente, hubo un tiempo que en algunas líneas pusieron seguridad, pero obviamente no pueden ponérsela a cada Trolebús, considera un conductor. Por ello es que en ciertas paradas se suben esos hombres intempestivamente y con voz amenazante piden dinero o que les compren un dulce.

El caso tiene solución, aunque por el momento parece muy difícil, pues la red de trolebuses de la Ciudad de México tiene una extensión total de 258.79 kilómetros y quienes abusan de los ancianos andan en movimiento delinquiendo.

E-mail: sottopaeze@gmail.com

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