EL PAÍS HOY

Ernesto Soto Paez

México violento, tradición milenaria

Como muchos otros países latinoamericanos, México es violento por tradición y la muestra es que hay muchos decires sobre el tema. Estadísticas recientes de la Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) revelan que siete de cada diez hogares aun utilizan la violencia infantil para educar a sus hijos, hoy en pleno siglo XXI.

Claro que no es nada nuevo, porque así crecimos muchos, por ejemplo, en la Ciudad de México, en hogares muy severos. Incluso, si se hubieran levantado estadísticas precisas al respecto, en el pasado, seguro los datos nos habrían horrorizado.

Por el momento, los porcentajes son graves: en el 53 por ciento de los hogares se ejerce agresión psicológica; en 44 por ciento, es psicológica y física, y solamente en el 6 por ciento son castigos severos.

En cambio, muestra de los tiempos que se viven, sólo el 31 por ciento de las familias mexicanas, ya no utilizan algún tipo de violencia en contra de menores de entre uno y 14 años. Esto es porque ciertamente los niveles educativos se han incrementado y hoy ese porcentaje utiliza otros métodos menos coercitivos.

En este horizonte, de acuerdo con la Unicef, los niños son quienes sufren más castigos físicos en comparación con las niñas, además, es en la zona centro del país donde los pequeños sufren mayor violencia. Y como se dijo antes, el nivel académico de los padres que ejercen violencia aquí es bajo, ya que la mayoría de ellos sólo estudió hasta la primaria.

Además, la pobreza es un elemento que eleva el índice de menores agredidos, entre los cuales hay hasta mutilaciones por parte de los progenitores. Lo ideal sería que hubiera una conciencia más noble, por parte de los padres, pero el tiempo pasa y seguimos con números terribles respecto a cómo se corrigen a los niño cuando son traviesos o cometen algún error.

Aunque la violencia se sigue ejerciendo, ya pasó de moda aquel dicho de la “letra con sangre entra”, incluso las escuelas fueron, en muchos de los casos, centros correccionales donde los padres dejaban a sus hijo bajo la consigna de que fueran golpeados si estos eran rebeldes.

Por tradición histórica, desde tiempos antiguos, los castigos a los infantes eran hasta sangrientos. Incluso no había conciencia sobre lo delicado y peligroso que era maltratar a los niños, pues un principios en psicología es que “hijo de padres violentos, padres violentos” y generalmente se cumple. La literatura y el cine son una muestra de lo anterior.

En la cinta Nosotros los pobres, hay muestras de la violencia intrafamiliar. Pepe el Toro agrediendo verbalmente al Pichi por buey; Pepe el Toro ejerciendo una extrema presión psicológica sobre la Chorreada, incluso después de haberle sido infiel a todas luces.

El libro Los hijos de Sánchez es otra muestra de cómo los niños fueron creciendo en un ambiente hogareño sin amor. Manuel, Roberto, Consuelo o Marta, refieren

experiencias muy duras por parte del padre, quien sin educación alguna, los corregía conforme se presentaban los problemas.

Ambos ejemplos sólo sirven para ilustrar un poco este tema, sobre el cual investigó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, con los porcentajes antes referidos. Es cierto que sólo con mejores niveles de vida se pueden educar de otra forma a los niños, pero sucedes que en México, como en otras partes del mundo, estamos lejos de un mejor estado de vida, eso es una realidad.

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