EL PAÍS HOY

Ernesto Soto Paez

La tercera guerra mundial, por el agua

Cuando inició el presente siglo, las predicciones mundiales señalaban que si había una tercera guerra mundial, esta sería por el petróleo. Sin embargo, dado el abuso y la irracional explotación del agua, todo apunta que el control de esta podría ocasionar conflictos bélicos, por ejemplo Estados Unidos podría exigirle a México que ceda su parte del caudal acuífero del Río Bravo, totalmente.

Podría parecer esta hipótesis material de ciencia ficción, pero es tan evidente que el mundo está a un paso de la sed, que el líquido vital hace tiempo que se esta controlando muy firmemente por países desarrollados como Francia, Alemania, Inglaterra. En América, ya tomó cartas en el asunto Estados Unidos y ahora, en México, hay empresas internacionales litas a privatizar el agua.

Es evidente que el problema de la escasez del agua empeora día a día, y que en México podría ser un desastre si no se le raciona, y se le da una adecuada utilidad. Pero en el caso de este país, hay muchos habitantes que hacen gestos de burla, porque aunque a veces no tengan agua en sus casas, unas horas después ya cuentan con ella.

La Ciudad de México, es un caso muy especial. Desde tiempos antiguos, dada su conformación geográfica, se creó una cuenca en donde quedaron cercados tres grandes valles, los que con el tiempo se volvieron cinco lagos, entre estos el de Texcoco. Fue un edén donde, desde que el hombre pobló Mesoamérica, vivieron grupos nómadas alrededor de la cuenca, pero aproximadamente en el 1325 se fundó México-Tenochtitlán, en un islote donde se creó una cultura del agua, pero hoy ya se evaporó ese líquido vital.

Poco a poco los lagos se fueron secando, pero a todo lo largo del siglo XX no nos faltó el agua, aunque ya desde la sexta década se empezó a notar que la cosa no iba muy bien. Hoy vivimos al borde de la sed, de hecho las campañas gubernamentales han ido en el sentido de que no se desperdicie el agua y se cuide, pero como aun persiste en nuestras mentes que tenemos mucho agua, no importa.

Por eso, porque creemos que tenemos agua para rato, la dejamos correr cuando nos bañamos; utilizamos cubetas para lavar el coche sin contarlas. Regamos los parques con aguas tratadas, pero también con aguas corrientes, o mejor dicho con agua potable y lo mismo nos la tomamos y cocinamos con ella, que la usamos en el baño. Pero muy pocos entienden que el agua ya se nos fue por entre los dedos de las manos.

Es cierto, en su racionamiento, su control y utilización se esconde un negocio, y muchas organizaciones de derechos humanos protestan, porque su venta a precios reales afectaría el bolsillo de los usuarios, pero ¿esta amenaza nos ha hecho utilizar el agua con criterios ecologistas o racionales?

La respuesta es no y, ya, desde ahora pareciera que los dos bandos se aprestan a la lucha por el agua. El gran bando es el de la población que no quiere pagar a precios reales su consumo de agua, es más, ni la que hoy les sale casi regalada pagan, aduciendo que es un robo lo que se registra en sus boletas de cobro.

Para el bando contrario, es decir, el gubernamental, traer tanta agua la ciudad le cuesta mucho; sacar las aguas negras tiene otro costo. Además, mantener la

infraestructura funcional para distribuirla tiene otro precio, pero aun así la desperdiciamos, no la pagamos y dejamos que la deuda se dispare al cielo, y finalmente, estamos al borde de precipitarnos en un lecho de agua, pero seco.

E-mail: sottopaeze@gmail.com

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