Muertes “inexplicables” en cárceles mexiquenses

  • Sobreviven 70 presos en celdas de 4X4 metros; nadie es responsable del homicidio; se matan por espacio y comida
  • Exigen madre y hermana de la víctima aclarar los hechos y sancionar a autoridades responsables

Grupo Puntual / José Contreras Contreras

TOLUCA, México, 22 de Febrero de 2021.- El nombre de Plutarco Crisanto Solano, de 51 años de edad, se sumó a la larga lista de personas que en el Estado de México mueren al interior de los llamados Centros de Prevención y Readaptación Social, donde las personas privadas de la libertad carecen de las mínimas condiciones para sobrevivir y las muertes se convierten simplemente en estadísticas.

El pasado 14 de Febrero, Maribel, hermana de Plutarco Crisanto, acudió al Centro de Prevención y Readaptación Social “Licenciado Juan Fernández Albarrán”, mejor conocido como “Barrientos”, en Tlalnepantla, donde él cumplía una sentencia de cinco años de prisión por el delito de robo.

Maribel, acompañada de su madre, Doña María del Carmen, relató que se trataba de una visita familiar “común y corriente”, solo un poco especial porque muchos celebraban el Día del Amor, por lo que llevaron comida y pequeños presentes.

Hubo un retraso para el acceso de casi una hora, lo que Maribel consideró “normal” por la gran cantidad de personas que acudían a la visita. Sin embargo, después de un rato de buscar a su hermano en los patios y zonas de visita, no lo encontró y comenzó a preguntar entre los custodios, y luego con trabajadoras sociales de la penitenciaría.

Tras dos horas de preguntar, la respuesta que obtuvo es que su hermano no estaba en la cárcel, que lo habían sacado de las instalaciones para llevarlo a un hospital a tomarle una radiografía.

Espantada, trató de indagar a qué hospital habían llevado a su hermano, para tratar de acudir allá y verificar la causa por la que había sido necesario “tomarle una radiografía”. Pero eso no fue posible, porque desde las trabajadoras sociales hasta el personal de la Dirección General de la penitenciaría le negaron información clara y concisa sobre el destino de Plutarco Crisanto.

Madre y hermana de Plutarco Crisanto exigen respuestas y sanciones a autoridades involucradas.

“Le pregunté a todo el mundo, pero nadie me dijo nada concreto, todos se echaban la bolita y nadie nos otorgó ninguna información concreta”, explicó Maribel, y agregó que recorrió por sí misma todos los hospitales de la zona en busca de noticias, pero no encontró nada.

Al día siguiente recibió una llamada telefónica de alguien que se identificó como trabajadora social de la cárcel de Barrientos, quien le dijo que era urgente que acudiera al centro penitenciario con una copia del acta de nacimiento de Plutarco Crisanto. “Ya me imaginaba que había malas noticias, pero no tanto”, recuerda.

Maribel y su madre, Doña María del Carmen, se presentaron al Centro de Prevención y Readaptación Social “Licenciado Juan Fernández Albarrán”, y después de más de una hora de espera salieron a decirles que su hermano e hijo, respectivamente, había muerto, que había sido agredido por otros internos.

“Ni siquiera nos dijeron donde buscar el cuerpo de mi hermano, salimos del penal y fuimos a recorrer todas las agencias del Servicio Médico Forense, hasta que nos informaron que el cadáver estaba en Naucalpan. ¿Qué tenía que hacer en Naucalpan cuando él estaba interno en Tlalnepantla?”, señaló.

Indicó que vivieron un auténtico “viacrucis” para cumplir con todos los trámites que les establecieron para recuperar los restos mortales de Plutarco Crisanto, así como para su traslado al panteón y sepultarlo, por todas las restricciones que existen derivadas de la pandemia de COVID-19.

“La dirección general de la penitenciaría de Barrientos no fue buena ni para decirnos dónde estaba el cuerpo, menos para ayudarnos a recuperarlo y mucho menos para darle santa sepultura, y ni hablar de los gastos, todo corrió por nuestra cuenta”, aclaran madre y hermana del fallecido.

Sobre la muerte de Plutarco Crisanto Solano no hay explicación alguna. La única referencia que existe, y no de forma oficial, es que se trató de una agresión de “algunos de los compañeros de celda” de la víctima.

Plutarco Crisanto Solano vivía en una celda de cuatro menos de largo por cuatro de ancho, donde “viven” hacinados 70 personas privadas de la libertad, quienes luchan todos los días por sobrevivir, por un espacio mínimo para descansar o para hacer sus necesidades fisiológicas. “Diario hay peleas por espio, por la comida”, apuntaron las entrevistadas.

Plutarco Crisanto era de los llamados “murciélagos”, quienes se amarran con sábanas o con su propia ropa a los barrotes de la celda para quedar colgados y poder dormir un poco. Vivía en condiciones deplorables y por más solicitudes de traslado que interpuso durante los años que sobrevivió a esa prisión nunca recibió respuesta alguna.

Al ahora fallecido le faltaban menos de ocho meses para cumplir su sentencia y recobrar la libertad, y pese a ser candidato a preliberación, no lo logró porque el Poder Judicial del Estado de México le negó la oportunidad de acceso a un brazalete electrónico para poder abandonar la cárcel y cumplir el resto de su condena en arresto domiciliario.

La madre y hermana de Plutarco Crisanto exigieron al gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza; al Fiscal General de Justicia del Estado de México, Alejandro Jaime Gómez Sánchez; al presidente del Poder Judicial, Ricardo Sodi Cuellar, y al presidente de la Comisión de Derechos Humanos de esta entidad, Jorge Olvera García, que se investigue una larga lista de irregularidades que existen en torno a esta muerte.

“Eluden cualquier responsabilidad culpando a los mismos presos, pero nadie aclara la responsabilidad de los custodios: Marco Antonio Hernández Crisóstomo, David Maya Manjarrez, Ismael Basurto Cruz, y Jorge Andrés Méndez Ponce, quienes tenían a su cargo la seguridad de esa celda donde mataron a mi hermano, y mucho menos del Jefe de Seguridad y del director de la prisión, ahí nadie es responsable de todo lo que está pasando”, concluyó Maribel.

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