Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

Misterios sin resolver

 

Quienes habitamos en la capital del Estado de México enfrentamos desde hace varias décadas por lo menos tres grandes misterios que no hemos sido capaces de resolver; administraciones estatales y municipales van y otras llegan y las cosas, al menos en esos rubros, siguen sin una respuesta clara, sobre lo cual es necesario un análisis serio y responsable, pero, sobre todo, acciones concretas que algún día resuelvan esas situaciones que no solamente son molestas, sino que repercuten realmente en la calidad de vida del casi millones de habitantes de esta región.

Me refiero específicamente a tres asuntos: la operación del ferrocarril en pleno casco urbano de Toluca, quién o qué opera uno de los sistemas de semaforización más complicado del país y por qué esta zona podría ser catalogada como la de mayor densidad de baches y fracturas en la superficie de rodamiento de las calles.

El primer asunto, el ferrocarril, es algo que por lo menos el que escribe tiene memoria clara que en 1993 el entonces aspirante a la gubernatura del Estado de México, Emilio Chuayffet Chemor, se comprometió públicamente a “sacar” el tren del casco urbano de Toluca, a efecto de que siguiera con su labor productiva pero ejerciendo menores molestias a los habitantes que nada tienen qué ver con ese sistema de transporte, que para el caso, es prácticamente al 100 por ciento de carga.

Entonces se presentaron varios proyectos de infraestructura, unos más lógicos que otros, pero todos encaminados a que la convivencia entre el ferrocarril y los ciudadanos de Toluca fuera por lo menos más amable, pero lamentablemente de todas esas “brillantes” ideas ninguna se volvió realidad, todo quedó en buenas promesas y en sueños guajiros que jamás se concretaron.

El Tren en Toluca tiene «secuestrados» a miles de habitantes de colonias en pleno casco urbano.

Hoy, en el año 2018, el ferrocarril que cruza el casco urbano de Toluca se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para miles de personas que todos los días tienen que luchar por ganarle el paso si es que pretenden llegar a tiempo a sus empleos o a dejar a los niños a las escuelas, cuando hay clases, o a desarrollar sus actividades ordinarias, las que éstas sean.

Hay colonias enteras de Toluca técnicamente secuestradas por el cruce del ferrocarril, el cual, por cierto, tiene una forma más inexplicable todavía de operar, pues por largos periodos de tiempo se queda atravesado sobre los principales cruces viales sin que aparentemente esté haciendo algo bueno, algo relevante, algo en lo que se observe que es una actividad productiva.

El cruce del ferrocarril por la zona urbana de Toluca es un verdadero problema que parece que las autoridades minimizan, quizá porque a nuestros políticos no les toca quedarse un día del lado contrario del tren para ir a sus fuentes de empleo, o porque éstas nunca han dependido del arribo puntual de los titulares, ya que ellos llegan a la hora que gustan, al cabo que los demás son los que los deben esperar.

Pero el cruce del ferrocarril tiene otras aristas todavía más serias que simplemente llegar tarde a una cita, al trabajo, a la escuela o a los centros de abasto a realizar las compras, y esto se trata de la vida misma, pues el ferrocarril es uno de los factores que mayores accidentes provocan en el Valle de Toluca, solo detrás del consumo de alcohol y las distracciones provocadas por el teléfono celular y los dispositivos móviles.

Pero de eso solamente se acuerdan las autoridades cuando ocurren grandes tragedias, como las que ya han ocurrido varias veces en Toluca, cuando el ferrocarril se ha llevado autobuses llenos de personas, tráileres donde han muerto otros conductores, o automóviles también con más de cinco pasajeros. Entonces se acuerdan del tema.

Este es un asunto minimizado por la autoridad, en el cual existen aristas que ciertamente hay que tomar en cuenta, pues no se trata solamente de criticar por criticar, sino se señalar ese tipo de situaciones que sí afectan de forma importante la vida cotidiana de quienes ahí viven.

Quizá el principal factor en contra para sacar al ferrocarril de la zona urbana de Toluca es el efecto económico, y no solamente hablo de lo que se tendría que invertir para sacar el ferrocarril de la zona urbana, quizá con puentes o con una estación alterna como la que alguna vez se trató de construir en la zona norte, por allá por el rumbo del viejo aeropuerto de Toluca, por donde actualmente opera el llamado tianguis Aviación-Autopan.

Y es que si el ferrocarril sigue vigente en Toluca es porque sirve a muchas de las empresas que operan precisamente en el corredor industrial Toluca, o en el Toluca-Lerma, donde también continuamente se le ve atravesado.

Por medio de ese sistema de transporte muchas compañías asentadas en el Valle de Toluca envían su producción a otros mercados del país, incluso al extranjero, como ocurre con las armadoras de automóviles que funcionan en esta región, las cuales envían todos los días vagones completos cargados de nuevas unidades a los mercados nacionales y extranjeros, por ejemplo, de los Estados Unidos de América, Centroamérica o Sudamérica.

Pero no son solamente quienes producen automóviles los que operan con el ferrocarril, lo hacen también las farmacéuticas asentadas en el Valle de Toluca y ni qué decir de empresas productores de alimentos, pan y botanas, así como las refresqueras más importantes del país. Esas compañías requieren el servicio del ferrocarril, porque se trata de un sistema de transporte barato, de grandes dimensiones y muy eficiente, para sus fines.

Sin embargo, a pesar de comprender la utilidad del ferrocarril, es un hecho que en Toluca algo ha pasado en los últimos años para tener una convivencia tan desordenada entre ese medio de transporte y quienes aquí habitamos, pues existen muchos y muy buenos ejemplos a nivel nacional, por no meternos en lo internacional, como Saltillo, en Coahuila, o Monterrey, Nuevo León, donde también hay ferrocarril, incluso con mayor actividad de carga y pasajeros, pero que no le hacen la vida imposible a los ciudadanos.

Se trata simplemente de orden, de un esquema vial bien planeado, e incluso de sistemas de aviso vial y a los mismos habitantes sobre la hora en que el tren cruzará, y, peor aún, evitar que éste se quede cruzado, como paralizado, sobre los principales cruces viales de la localidad.

Algo falta, eso es un hecho, no sé si decisión de la autoridad, falta de coordinación entre quienes operan el sistema ferroviario y quienes son responsables del orden en la región, o simplemente ganas de hacer bien las cosas, lo cierto es que la afectación es real, es millonaria, son miles de horas hombre las que se pierden en distintos momentos del día en el Valle de Toluca por la forma tan ineficiente de operar del ferrocarril, y es urgente que alguien tenga un poco de ganas y otro tanto de cerebro para poner un hasta aquí y controlar ese problema que se minimiza, pero que tarde o temprano de radicalizará, lamentablemente quizá cuando ocurra otra tragedia, de esas que se repiten sistemáticamente.

 

Semaforización incoherente

 

¿Sabía usted que la capital del Estado de México es la única ciudad de este país que no tiene una sola vialidad, primaria o secundaria, con semaforización sincronizada? Es decir, en Toluca no existe un solo sentido, por ninguna calle o avenida, que se pueda cruzar de sur a norte, o viceversa, o de poniente a oriente, o viceversa, sin encontrarse un semáforo en verde de forma continua.

Es real, y para darse cuenta de eso no hace falta ser científico de la NASA, solamente hacer un recorrido breve por cualquier zona de la capital mexiquense, y es que en esta localidad “conviven” por lo menos cinco sistemas de semaforización que distintas administraciones estatales y municipales pusieron en operación durante diferentes épocas, sin que hasta el momento haya alguien lo suficientemente capaz de coordinar todos esos sistemas.

Lo único que se hace al mismo tiempo es encenderlos, pero de programarlos y, sobre todo, de coordinarlos, no hay nadie que se haga responsable, cada uno de éstos opera de manera distinta, independiente, por eso usted y yo, así como miles de automovilistas en la zona, tienen que frenar y acelerar cada cuadra, pues invariablemente encontrarán un alto y un siga en su trayecto, incluso en recorridos ridículos de tres cuadras.

Eso es un problema que parece menor, pero no lo es. Se trata de una problemática muy seria en materia de movilidad urbana, asunto que cada vez cobra más tiempo a los ciudadanos, pues recorridos que bien podrían realizarse en menos de 15 minutos, nos llevan todos los días más de media hora, o más, simplemente porque no hay nadie capaz de coordinar esos sistemas de semaforización.

«Conviven» en la capital mexiquense por lo menos cinco sistemas de semaforización, sin coordinación alguna, que se convierten en obstáculo para la movilidad urbana.

Si el asunto se traslada al aparato productivo, no solamente se trata de tiempo, de llegar tarde a un punto, sino incluso de manejo de mercancías que se hace de forma lenta, ineficiente, absurda en algunos casos, precisamente porque no tenemos calles libres de tráfico vehicular, y no es porque haya muchos vehículos, sino porque los que hay circulan de forma ineficiente, con variables de tránsito, luces verdes, amarillas y rojas en todas las vialidades, lo que dificulta el paso.

¿De qué se trata? Pues dicen que de inversión, de que alguna autoridad con un poquito de ganas invierta en un sistema que unifique los esfuerzos de los distintos sistemas de semaforización que existen para que éstos funcionen de manera coordinada y permitan a los automovilistas avanzar adecuadamente y no irse parando sistemáticamente en cada esquina.

Es cuestión de voluntad política, porque tampoco crea usted que se necesita una inversión multimillonaria para alcanzar ese objetivo, si hay que invertir, pero no tanto, lo que pasa es que a nuestros gobernantes este tipo de cosas, los del día a día, les parecen poco importantes, de esas muchas cosas que pasan a segundo o a tercer término, porque ellos creen que no afectan mucho a los ciudadanos, y menos a ellos, aunque verdaderamente eso sea una visión poco eficiente del gobernar.

 

¿De dónde salen tantos baches?

 

Esa es una pregunta que miles de personas nos hemos hecho. Antes el problema de los baches se radicaba en las zonas de mayor tráfico vehicular, las calles más transitadas, incluso los lugares donde había solamente tráfico pesado, de camiones de carga o autobuses, pero eso poco a poco a dejado de ser cierto, pues ahora hay baches hasta en las calles privadas, hasta en fraccionamientos donde antes no existían.

¿Qué son los baches? Pues técnicamente una imperfección en el pavimento por donde transitan los vehículos, pero en términos reales los baches evidencian problemas de construcción; es decir, los baches ponen al descubierto una obra mal hecha, donde sea que se presenten, detrás de cada bache existe una obra donde alguien prefirió ganarse un dinero a cambio de emplear materiales de calidad en su ejecución.

En términos estrictos, cada bache es un sinónimo de corrupción, de ineficiencia, de perversión técnica y política, porque decía la abuela que en la corrupción hay una responsabilidad compartida, porque para que alguien trance se necesita uno que lo deje tranzar, y eso es lo que lamentablemente tiene al Valle de Toluca sumido en su peor situación con relación a la calidad y capacidad de rodamiento de sus calles.

Cada bache pone en evidencia un acto de corrupción que sigue sin ser sancionado y menos corregido.

Baches por aquí y baches por allá, esa es la realidad de nuestra ciudad capital, y por más esfuerzos que la autoridad local haya hecho, porque lo ha hecho, en realidad no existe capacidad técnica ni operativa para atender la totalidad de los baches existentes, de hecho se tardan más en intentar tapar los de una calle, que lo que se requiere para que éstos surjan nuevamente. Es una situación de nunca acabar.

El remedio sí existe, pero como siempre se atraviesa el asunto del dinero, porque para que esto deje de ocurrir se necesita prácticamente volver a hacer todas las calles de la localidad, que son cientos, quizá miles, lo que representaría una labor titánica y financieramente inviable.

Lo mejor para llegar a ese fin estaría en la aplicación de la ley, porque parece que se les olvida que detrás de cada calle hubo una empresa responsable de su construcción, por lo que legalmente habría un responsable de lo mal hecho, y, en estricto sentido, bien se podría obligar legalmente a ese responsable a hacer las cosas bien, incluso a volver a hacer esa calle con materiales de calidad y técnicas adecuadas para evitar ese resquebrajamiento continuo que obliga al tapado de baches cada mes, cada semana, diario, lo que se convierte en una actividad interminable y no financiable para ninguna autoridad.

 

La última y nos vamos…

 

Alguien debería explicarle a la licenciada Gabriela Gamboa Sánchez que ya se terminaron las campañas proselitistas, como para que ya deje de promocionarse en Facebook todos los días, de enviar mensajes así como para convenza a los habitantes de Metepec de que será una buena presidenta municipal.

Ya ganó la elección, no por méritos propios, sino gracias a la “ola” que arrastró una marejada política con el nombre y logotipo de Andrés Manuel López Obrador, pero ya le dieron su constancia de mayoría, ahora es presidenta municipal electa, y ahora se supone que ya tiene cosas más importantes qué hacer antes que continuar promocionándose vía redes sociales.

Que alguien le explique por favor a la presidenta municipal electa de Metepec que la campaña ya se acabó. ¿No tendrá nada mejor qué hacer que promoverse en Facebook?

Es tiempo de que se ponga a trabajar, por ejemplo, en la integración de lo que será su gabinete de gobierno, si es que quien la impuso como candidata le va a dar alguna libertad para hacerlo, pues dicen que simplemente le vendieron el autobús, pero que le establecerán quién conducirá, quién lo lavará y hasta quién lo arreglará; es decir, será la presidenta municipal, pero le van a dictar desde otra parte qué es lo que va a hacer y con quién lo irá a hacer.

Ya es momento que, por lo menos, se siente un rato a trabajar, a diseñar algo así como una propuesta de gobierno, algo más allá de su famosa propuesta de hacer huertos familiares en todos los techos de las casas de Metepec, algo que sea acorde con las necesidades de la gente, no ese tipo de populismos que, además de inviables, resultan risibles.

Ya es tiempo de hacer cosas serias, ya no es tiempo de Facebook, es tiempo de prepararse para demostrar que así como ronca duerme, que sin importar en el partido que pertenezca, es alguien capaz de responder a las necesidades de un municipio de la importancia de Metepec, que a eso es a lo que se comprometió en las urnas ¿O no?

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