Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

La iglesia en manos de Lutero

 

Parece un contrasentido designar al diputado federal Oscar González Yáñez, “dueño” del Partido del Trabajo en el Estado de México, como presidente de la comisión legislativa de Transparencia y Anticorrupción, pero no lo es. Es quizá la mejor muestra de especialización que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha dado en los últimos días en materia política. ¿Qué mejor que designar al más corrupto como encargado de vigilar que nadie se corrompa? En eso es experto y difícilmente alguien podrá sorprenderlo. Él definitivamente se las sabe de todas, todas.

Será quizá la comisión legislativa de Transparencia y Anticorrupción la única que cuente con un verdadero especialista a la cabeza. Nadie mejor que González Yáñez sabe a la perfección el arte de obtener beneficios personales a costa de la política y el servicio público; luego entonces, seguramente los mexicanos estaremos en las mejores manos para erradicar esas prácticas nocivas que tanto cuestan a los mexicanos.

Oscar González Yáñez, experto en corrupción.

Con esto queda demostrado que en México la corrupción es cosa seria, para profesionales, pues no se trata de cualquier país corrupto ni de prácticas botaneras que afecten asuntos simples o sencillos. No, la corrupción en México es un asunto verdaderamente relevante, que cuesta millones y millones de pesos a todos los que habitamos este país. Quizá por ello el interés de Morena de ceder un espacio tan importante como al experto que es en esos asuntos el ex presidente municipal de Metepec.

De acuerdo con el Índice Global de Corrupción 2017 publicado por Transparencia Internacional, México se ubica en la posición 135 de 180 respecto a los temas de la percepción de la corrupción, con lo que registró el país una caída importante respecto al estudio de año 2016.

Investigaciones deficientes y corrupción ponen a México en últimos puestos del índice de Estado de derecho. De 100 puntos posibles, donde 100 es el país mejor evaluado en cuanto a corrupción y 0 el peor, México obtuvo apenas 29 puntos, mientras que en 2016 había conseguido 30.

Los resultados posicionan a México entre los peores lugares de América Latina y el Caribe, incluso por debajo de naciones como Brasil, Argentina y Colombia, y con la misma puntuación de Honduras y Paraguay.

La corrupción en México es asunto serio, con graves implicaciones sociales, es considerado quizá como el principal problema en este país, forma parte de un círculo vicioso que genera, además, pobreza, desigualdad, inequidad, e incluso muerte.

Todos recordamos hace una  año, el 19 de septiembre de 2017, cómo un sismo de 7.2 grados en escala de Richter puso de manifiesto que en este país la corrupción mata, quien no lo crea que revise cuántas personas, niños y adultos, murieron aplastados por los muros de un colegio particular que nunca debió construirse, y menos con malas prácticas administrativas y de ingeniería, solamente para complacer la voracidad de unos cuantos, de la propietaria y de los funcionarios que aceptaron sobornos a cambio de favorecer tal edificación que hoy es sinónimo de muerte, pero también de corrupción.

De acuerdo con especialistas, la corrupción en este país, en el Estado de México como en las restantes 31 entidades que lo componen, es grave sobre todo por falta de mecanismos sancionadores de esas prácticas, y el mejor ejemplo es el que hoy se vive al tener como presidente de la comisión legislativa de Transparencia y Anticorrupción a un especialista en corrupción, no en su combate, sí en su fomento y práctica.

Hay muchos en este Estado de México, y en particular en el municipio de Metepec, que pueden dar testimonio fiel de lo adelantado que Oscar González Yáñez es en materia de corrupción, sobre todo quienes vivieron a su lado las repetidas ocasiones en que ha sido capaz de vender no solamente a su partido político, a sus seguidores y a sus candidatos, sino cualquier cusa política que tenga un buen fin, siempre a cusa de unos cuantos pesos.

Ese ha sido el modus vivendi de quien algunos todavía recuerdan como un entusiasta izquierdista que vestía pantalón de mezclilla barata y una camisa de manta, y que de la noche a la mañana se convirtió en “próspero” político, hábil negociador con el sistema y luego en residente de club de golf de millonarios quienes no terminan de tragárselo allá en Lerma por sus excesos y falta de seriedad hasta para el pago del mantenimiento de su hoy “humilde” morada de varios millones de dólares en el fraccionamiento Los Encinos.

El primer “vochito” con el que se movilizaba el naciente político izquierdista fue remplazado pronto por los lujos Mercedes Benz y BMW que incluso deja abandonados fuera de los antros y a las puertas de su residencial en Lerma, cuando le gana el hígado y las adicciones para salir corriendo en busca de quienes todavía creen en su “poder”.

En fin, él será nuestro flamante presidente de la comisión legislativa de Transparencia y Anticorrupción, todo un especialistas en el segundo tema que operará, aunque en el primero no lo es tanto, pues a su paso por Metepec se le olvidó publicar en internet todo lo relacionado a ingresos y egresos de él y su séquito que cobraba en el ayuntamiento, como tampoco actuó muy transparente a la hora de comprobar gastos de su instituto político ante la autoridad electoral y validar gastos en cantinas y otros antro con facturas de compras de tangas.

Confiemos en que la especialización de nuestro prócer diputado permita que nadie le engañe, que nadie sea más hábil que él mismo en eso de la corrupción, y que contribuya desde el sitial que la política le ha regalado a enfrentar ese cáncer que tanto le cuesta a México, a los mexicanos, y por el cual esta nación no ha logrado dar los pasos que merece hacia mejores estadios de desarrollo. De no ser así, de no concretarse la máxima promesa del próximo Presidente de la República, que nadie diga que no lo advertimos.

 

¿Extralimitado o extraviado?

 

Siempre consideré al doctor Jorge Olvera García como persona prudente, responsable e inteligente. Lo admiré al ser capaz de salid de una posición tan complicada como la Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México caso en hombros de una gran cantidad de jóvenes y académicos que en verdad le escribían incluso “lo vamos a extrañar”, a pesar de los múltiples intentos por descarriar su gestión al involucrarlo en casos que van desde el fraude al gobierno de Oaxaca con un programa de computadora que nunca hicieron y menos entregaron algunos de sus ex colaboradores, hasta la llamada Estafa Maestra que habría contaminado a distintas instituciones de educación superior y dependencias federales con movimientos “raros” de dinero con fines políticos.

Hoy el doctor Olvera García ha dado un vuelco en su personalidad. Pareciera como que algo anduviera mal en su cabeza, en su forma de actuar, en la conducción de su personalidad siempre echada para adelante.

El defensor de los Derechos Humanos de los mexiquenses distraído en causas absurdas.

El ahora presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México comenzó a meterse en camisa de once varas, en asuntos que realmente no están en el ámbito de su competencia, o que, por lo menos, no se entiende bien cuál es el objetivo de su acelerada actuación.

Comenzó hace unos días con el asunto de los baches de Toluca, primero, como acostumbra desde hace un tiempo corto, adelantando vía medios de comunicación que emitiría una recomendación el organismo que preside por la “pésima” situación que priva en las calles de la capital mexiquense, que ciertamente están llenas de baches.

Luego, el fin de semana concretó su amenaza y emitió una muy “rara” recomendación a nombre de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México en la que fija un plazo de 30 días para que el ayuntamiento de Toluca acabe con todos los baches que hay en las calles de la capital mexiquense.

Como ciudadano, quizá agradezca el esfuerzo por hacer algo que contribuya a remediar la situación de las calles de Toluca, pero como analista de la situación política de esta entidad me pregunto respetuosamente, y lo hago extensivo al doctor Olvera García ¿es asunto suyo los baches de Toluca? Más aún ¿cree usted que su “valiosísima” recomendación sirva de algo en verdad para arreglar los baches? ¿No es esta una postura más política que jurídica? ¿No es usted un especialista en Derecho y como tal debería apegarse al mismo y no meterse donde no le corresponde?

La fuerza moral de la Comisión de Derechos Humanos no está como para desperdiciarse en “infiernitos”, más aún cuando hay tantas y tantas cosas importantes en las que debería dedicar su tiempo, su conocimiento “docto” del Derecho y, sobre todo, sus buenos oficios como defensor de las causas de los ciudadanos.

Si al doctor Olvera se le hizo más fácil ponerse a resolver baches con la fuerza moral de la Comisión de Derechos Humanos porque le da flojera entrarle a asuntos de verdadera relevancia, cuando guste, cuando tenga un poco de ganas de meterse en cosas verdaderamente relevantes, bien le podría ayudar con una larga lista de casos de personas privadas de la libertad que tienen más de dos años solicitando la intervención de la CODHEM para revisar su situación en las penitenciarías.

Hay cientos de personas que sí necesitan la intervención de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México para atender auténticas y flagrantes violaciones a sus derechos fundamentales, no si se les rompió o enchuecó la suspensión de sus automóviles a 60 ciudadanos.

Esos 60 ciudadanos sí tienen derecho a reclamar, y sí tienen derecho al amparo de la justicia, sí tienen derecho a ser escuchados por la autoridad administrativa y judicial por los daños causados por las condiciones de las calles a sus propiedades, sobre todo a sus automóviles, pero para eso existen instancias específicas, no una Comisión de Derechos Humanos del Estado de México que evidentemente está siendo “abaratada” a costa del aplauso fácil y el lucimiento personal.

Pero el cuento no para ahí, pues el fin de semana pasado, el sábado para ser más exactos, durante la inauguración de la Feria del Libro del Estado de México (FILEM), un grupo de personas, en su mayoría pertenecientes a grupos de promoción cultural de la ciudad de Toluca, se expresaron con una lona y a gritos frente a la secretaria de Cultura del Estado de México, Marcela González Salas, quien en su infinito autoritarismo e “ideas brillantes” se le ocurrió que sonaba y se veía muy “feo” que los museos de esta entidad llevaran el nombre de personas que han aportado mucho precisamente al ámbito cultural de los mexiquenses y del país en general.

Tal vez la mayoría ya lo sepa, pero por aquellos que no se hayan enterado, solo diré que a doña Marcela González Salas, a la misma que se le hizo bolas el engrudo con la reconstrucción del patrimonio cultural afectado por los sismos de septiembre de 2017, ahora se le ocurrió que los nombres en los museos se veían feo, sonaban feo, y que para el nuevo diseño de la “imagen institucional” que ella adoptó pues estaban de más, por lo que les quitó lo de Carlos Olvera, Felipe Gutiérrez y hasta José María Velasco y Luis Nishizawa. Ahora son solo museos de la Estampa, Acuarela, Arte Moderno, etcétera.

Bueno, pues resulta que al doctor Olvera García, sí, al mismo presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, se le ocurrió iniciar una inició investigación de oficio a la que se le asignó al número de expediente CODHEM/TOL/834/2018.

Sí está pésima la decisión de la señora Marcela González Salas de, por sus pantalones, sacar de circulación a quienes han contribuido con la cultura del Estado de México, pero me pregunto si en verdad ese es un asunto que demande la intervención, inmediata, de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

No será que el doctor Jorge Olvera García tendría que estar más preocupado por otros agentes que en verdad atentan contra los derechos fundamentales del hombre y dejarse de crear espejismos con evidentes tintes políticos.

Extraña que la instancia defensora de los Derechos Humanos centre su atención en la capital del Estado de México cuando en zonas como el oriente mexiquense se pisotean todos los días los derechos de miles de mexiquenses. ¿Estará motivado el actuar del ex rector de la UAEM por el fracaso familiar por insertarse en la política? De ser así la imparcialidad y objetividad en su actuación al frente de la Comisión de Derechos Humanos estarían en entredicho.

Violaciones, secuestros, despidos injustificados, acosos, bullying y discriminación al por mayor ¿no interesan al ombudsman mexiquense? ¿Los “terribles baches” y los nombres de los museos de Toluca deben ser argumento suficiente para distraer la atención y emitir disparatada recomendación, así como para iniciar investigaciones por tan “graves” asuntos? Prudencia, señor, prudencia.

 

¿Están preparados nuestros diputados?

 

A unas horas de que comience la Glosa (revisión) del primer informe del gobernador Alfredo del Mazo Maza, en la Cámara de Diputados, la principal duda es si tenemos un Congreso con el nivel académico y profesional a la altura del reto de analizar la acción de gobierno y discernir si ésta marcha por el camino correcto.

Mucho se habló sobre este tema en particular desde que quienes hoy ocupan una curul en la Legislatura mexiquense eran aspirantes a dicho cargo. Si se entiende que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es actualmente la mayoría en la Cámara de Diputados mexiquense tendría que revisarse el origen de los hoy legisladores.

La mayoría están reconocidos como luchadores sociales, personas que han dedicado la mayor parte de su vida a defender las causas de los grupos sociales más necesitados, así en el campo, como Max Correa, o en la ciudad como cualquiera de los representantes populares de la zona de Ecatepec, ellos dedicaron su tempo, su vida, a la defensa de las causas populares, pero no así a la preparación académica y mucho menos la técnica.

¿Están preparados nuestros diputados para el análisis del informe de labores del gobernador Alfredo del Mazo?

En realidad en el Congreso del Estado de México no hay especialistas en asuntos técnicos como la economía y las finanzas, o las comunicaciones y transportes, se trata de mujeres y hombres muy bien intencionados que han respaldado las causas sociales, las demandas de los que menos tienen, pero no son técnicos ni en finanzas, ni en economía y mucho menos en asuntos especializados como la movilidad.

Esto se supera fácilmente si nuestros ahora diputados se rodean de personas que en realidad sepan de lo que están hablando, y parece un contrasentido cuando se habla de recortar la posibilidad de contratar asesores calificados en ese tipo de asuntos técnicos que requieren algo más que buena voluntad, saber gritar mucho u organizar manifestaciones y marchas por cualquiera que sea el motivo.

Nuestros diputados necesitan, les urge, asesoría especializada en algunos temas específicos, y esa será la única forma en que estén bien preparados para entrarle al análisis de las cuestiones técnicas de fondo que requieren ser analizadas del informe.

No se trata solamente de posturas fáciles y gritos llamativos, se trata de sustentar el análisis de la acción de gobierno para garantizar a todos los mexiquenses que las cosas se están haciendo bien, o, en caso de que así sea, detectar los errores de fondo, ver las causas y proponer alternativas de solución, sin protagonismos, sin alardes, más bien por el hecho de construir una situación que redunde en mejoras para esos grupos sociales menos favorecidos a los que se pretende elevar en cuanto a su calidad de vida.

Así, hoy nuestros diputados están ante la alternativa de ceñirse a un ahorro sistemático o tener que invertir en apoyo legislativo para hacer bien las cosas, porque sí requerimos que se amarre las manos a quien pretenda gastar de más, pero también es sumamente relevante que lo que se gasta se convierta en una verdadera inversión; es decir, que cada peso aplicado redunde en mejoras para los ciudadanos.

Veremos el desempeño de nuestros ilustres diputados y esperemos que comprendan que ya no están en la calle para dirimir sus demandas a gritos y sombrerazos, sino que están en la máxima tribuna de esta entidad en donde su actuación se traducirá en mejoras para todos, siempre y cuando su desempeño sea constructivo, incluso correctivo, pero nunca destructivo.

 

La última y nos vamos…

 

La fecha del 2 de octubre pasó desde hace 40 años a ser parte del patrimonio estudiantil de los mexicanos. El recuerdo de la escena trágica de la plaza de las Tres Cultura donde militares arremetieron en contra de estudiantes de la UNAM, IPN y normalistas no puede ni debe ser olvidada, porque como bien lo recordaba el padre de nuestro actual gobernador: un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia que está condenado a repetir los mismos errores del pasado.

Por eso es importante mantener en alto el estandarte de la lucha estudiantil, pero no para hacer de este motivo de vandalismo, de violencia sin razón y mucho menos para enfrentamientos entre planteles diversos de la educación media superior y superior.

Las justas demandas de los estudiantes sí deben ser atendidas de inmediato por la autoridad, sobre todo en materia de justicia.

Hay que tener mucho cuidado con lo que ocurra este 2 de octubre en el país, en la Ciudad de México donde las cosas en la máxima casa de estudios de este país han estado tan “calientes” en los últimos días, pero también en nuestra universidad pública mexiquense donde los alumnos y docentes no están muy contentos que digamos.

Hace unas cuantas vivimos en Toluca la movilización estudiantil más grande de la cual se tenga memoria en épocas actuales, y ésta lo único que reveló es que existe descontento entre el sector estudiantil de nuestra entidad. La principal demanda que los llevó a las calles es la inseguridad, porque verdaderamente se han vivido situaciones que todos debemos rechazar, condenar y empujar que se investiguen y resuelvan, poniendo a los autores de esos hechos detrás de las rejas ceñidos a lo más rígido de la justicia.

No podemos ni debemos dejar pasar la oportunidad de hacer bien las cosas y responder a esas justas demandas de un sector tan importante como los son los estudiantes de esta entidad.

Sea pues la fecha del 2 de octubre ocasión para que nuestras autoridades respondan a ese reclamo sentido y justo, con resultados firmes y contundentes en las investigaciones que ahí están, como dormidas, en los órganos de procuración de la justicia. ¡Ni un universitario más asesinado, desaparecido, secuestrado, violado o asaltado! ¡Ni un estudiante más víctima de la inseguridad! Esa debe ser la meta. Lo demás son palabras que se lleva el viento. ¿O no?

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