Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

“Brincar al muerto”

 

Hace un par de años comentaba en este mismo espacio lo peligroso que sería acostumbrarnos a “brincar al muerto”; es decir, ya no conmovernos ni movernos cuando el pavimento mexiquense se tapizara de cadáveres, y, lamentablemente, parece que vamos derechito a esa actitud, a perder el asombro ante la tragedia que se vive en todas las regiones de esta entidad, en cuanto se refiere al número de homicidios dolosos que ocurren todos los días, y, sobre todo, hacia aquellos que se cometen contra las mujeres.

A nadie conviene que exista una cifra 100 por ciento real sobre el número de homicidios dolosos, y no conviene porque revelaría la verdadera situación que se vive hoy lamentablemente en el Estado de México en materia de violencia, lo cual ciertamente no es ni por mucho privativo de esta entidad, pues en realidad se trata de un fenómeno nacional que no hay poder humano que lo contenga y, mucho menos, que lo enfrente y abata.

Sin embargo, la realidad es que las cosas parece que se han salido de control, hoy la violencia parece el sinónimo de nuestros tiempos, de tiempos trágicamente plagados de sangre y de abandono de la autoridad que tendría la responsabilidad de prevenir ese tipo de casos, pero también de aquella que tiene bajo su responsabilidad la investigación de los que se cometen para procurar su castigo.

De acuerdo con organizaciones civiles que han tomado la responsabilidad de trabajar a favor del esclarecimiento de los casos de mujeres asesinadas y desaparecidas en el Estado de México, del total que se cometen solamente se tiene registro de la mitad de ellos, y, quizá lo peor, solo 1 de cada 10 llegan al esclarecimiento y respectiva consignación y condena del o los responsables.

¿Nos estamos acostumbrando a ver el suelo mexiquense lleno de cadáveres?

Esas cifras no son más que un atractivo natural para quien en algún momento se ha visto tentado a cometer un crimen de ese tipo, pues sabe perfectamente que cuenta con 90 por ciento de posibilidades de hacerlo sin recibir jamás castigo alguno por su conducta, por el contrario, tiene casi todo de su lado para incurrir en un delito grave, uno de los más graves, diría yo, como lo es arrebatar la vida a otro ser humano, y salir bien librado.

Eso se llama impunidad, y, de acuerdo a los mismos indicadores que manejan instancias como el Observatorio Ciudadano se observa que la impunidad es la reina de las causas que impulsan a que se sigan cometiendo este tipo de graves delitos, sobre todo el homicidio, y de éste el que para mí tendría que colocarse como el más deleznable, que es el que ocurre en contra de las mujeres.

La situación es muy fácil de ver desde el punto de vista que aquello que no se castiga, queriendo o no, se está empujando a que se cometa, por lo que mientras que no se resuelva esa inacción de la autoridad competente, simple y sencillamente la autoridad estará convirtiéndose en una especie de “facilitador” que bien podría calificarse de cómplice de estos hechos.

Lo malo, vuelvo al inicio de este comentario, es que la sociedad se está acostumbrando a ver con “naturalidad” que todos los días las portadas de los diarios impresos amanezcan con fotografías de cadáveres de mujeres asesinadas en sus páginas principales, como si fuera algo “normal”, algo “común” que ya no debe despertar ningún sentimiento más allá del horror que debe causar en cualquiera una dantesca imagen de una fémina descuartizada, con la cabeza hecha pedazos o simplemente en una posición descompuesta encima de un charco de sangre. Como si eso fuera “insignificante”.

Más allá de los repetidos pronunciamientos que los políticos hacen de vez en vez sobre este tema, sobre todo cuando se acerca el mal llamado Día del Combate a la Violencia en Contra de las Mujeres, la realidad es que muy poco es lo que se avanza con pasos firmes para resolver tan terrible situación.

Los municipios mexiquenses, sobre todo los de la zona oriente del Estado de México: Ixtapaluca, Valle de Chalco, Ecatepec, Chimalhuacán, La Paz, además de integrar la lista de los más pobres de esta entidad, también se “pelean” por el nada prestigiado sitio como los “más peligrosos” para las mujeres, pues es donde más se repiten estos casos.

Esto quiere decir irremediablemente que la pobreza y la violencia en contra de los seres humanos, principalmente las mujeres, tienen una dramática correlación, van de la mano, se cruzan, se unen en algún punto en el que la autoridad estaría obligada a actuar de manera preventiva y correctiva.

Los especialistas han dicho que el fenómeno de la violencia, que empuja el incremento de los casos de homicidio doloso, sobre todo contra mujeres, no se resolverá hasta que se corrija la causa estructural número uno: la pobreza.

De ser esto cierto, pues en realidad estamos en una trampa textualmente mortal, porque irremediablemente la pobreza de nuestra sociedad no es algo que se vaya a resolver en un año o dos, y por lo tanto el número de homicidios irá en aumento irremediablemente.

No podemos ni debemos seguir viendo cómo el número de homicidios sigue creciendo sin que como sociedad hagamos algo para remediar este dramático problema, pues si nos vamos a sentar con los brazos cruzados a esperar que la autoridad remedie la pobreza para con ello frenar la creciente cantidad de muertes violentas en esta entidad, pues simplemente estamos jodidos.

Es hora de hacer algo, pero de verdad, no se trata solamente de manifestaciones, marchas y otro tipo de expresiones con las que se acusa la situación, urge remedios de fondo, no solo de forma.

La mal llamada Alerta de Género que desde hace casi tres años se decretó en once municipios del Estado de México ha demostrado que no resuelve nada, que las cosas siguen igual o peores a como estaban antes de que se lanzara esa política que supuestamente estaba encaminada a frenar los casos de muertes violentas contra mujeres, por lo que ya es tiempo de revisar esa misma condición y modificarla, cambiarla, pulirla, para que dé resultados de verdad y no siga siendo simple motivo de discursos.

Tal vez la Alerta de Género no es mala, tiene mucho de bueno, pero lo que es un hecho tangible es que su aplicación, mientras esté sujeta al libre albedrío de quienes gobiernan, pues no da los resultados que se desean.

Es tiempo de tomar el toro por los cuernos y entrarle de lleno a la búsqueda de soluciones, de fondo, no maquillaje, sí medidas y acciones que vayan al fondo del problema, porque no puede seguirse derramando más sangre en esta tierra que hasta hace no mucho era de oportunidades, de posibilidades reales de desarrollo, la cual ha sido mancillada por un puñado de enfermos mentales que deberían estar, por lo menos, detrás de las rejas y dejar de hacer tanto daño a nuestra sociedad.

 

El nuevo aeropuerto

 

El fin de la temporada vacacional de Semana Santa, el pasado domingo, puso de manifiesto, una vez más, un problema evidente: el actual aeropuerto Benito Juárez, de la Ciudad de México, ya no cuenta con la capacidad necesaria para atender la creciente demanda de servicio de un mundo de personas que lo tienen como principal terminal aérea para el desplazamiento laboral, turístico, de negocios y de muchas más formas de viaje.

Salas de espera atiborradas, pistas de rodamiento que parecían una ampliación del Periférico a las 09.00 de la mañana en día laborable, y una logística totalmente superada por la realidad, es lo que se vivió el domingo 28 de abril en el aeropuerto capitalino.

No son pocos los que finalmente tendrán que faltar a la escuela o al trabajo un día más porque el aeropuerto de la Ciudad de México les provocó un retraso de más de 12 horas en su intención de volver a sus hogares, la situación fue incluso dramática para muchas personas que llevaban a hijos en brazos con los cuales tuvieron que pasar largas horas en espera de una solución para su movilidad.

El aeropuerto de la Ciudad de México totalmente saturado y poco útil.

Este tipo de cosas son las que tiene que resolver el proyecto de crear un nuevo aeropuerto para los habitantes del Valle de México. Por gusto, por “consulta popular” o por revancha política, la administración de Andrés Manuel López Obrador determinó sepultar el proyecto de crear ese necesario aeropuerto que ya se construía en Texcoco, y ahora llevó su “plan maestro” a lo que hoy es todavía la base militar aérea de Santa Lucía, en los límites de Tecámac y Zumpango.

En realidad lo de menos es dónde se haga y a qué intereses se responda, pero lo que es un hecho es que miles de ciudadanos requieren de un aeropuerto eficiente para poder moverse con libertad mediante ese medio de transporte. Ya no se puede seguir sufriendo un aeropuerto saturado como lo es el Benito Juárez de la capital del país.

Precisamente este lunes el gobierno federal puso de manera simbólica la primera piedra de su proyecto de aeropuerto en Santa Lucía, y más allá de cualquier capricho político o proyecto mal hecho en el que ni siquiera se toman en cuenta los cerros aledaños, lo que urge es que se haga y comience a operar para bien de miles de personas a las que les urge una terminal aérea eficiente, cercana, accesible y, sobre todo, útil.

Esperemos que la administración de Andrés Manuel López Obrador deje de equivocarse y haga las cosas bien, por lo menos en esta materia, porque un país sin aeropuerto eficiente está condenado al retraso, y eso es algo que al parecer no han tomado muy en serio quienes ahora tienen la responsabilidad de brindar este tipo de servicio a los mexicanos y a miles de extranjeros que cada año llegan a territorio nacional.

Hagamos votos porque el proyecto del aeropuerto en Tecámac-Zumpango dé los resultados que se desea. No sé si es más o menos caro que el proyecto que ya realizaba la administración del ex presidente Peña Nieto, o si en la obra vaya o no a haber corrupción, a lo que tanto miedo le tiene la administración federal actual. Realmente nada de eso es tan importante como que exista en este país un aeropuerto respetable, confiable y útil para todos los mexicanos.

 

De traidores y traiciones

 

Luego de concretarse el arrasador triunfo del Movimiento de Regeneración Nacional en la elección federal y estatal del 1 de julio del 2018, cuando López Obrador ganó “de calle” la Presidencia de la República, y Morena se llevó senadurías, diputaciones federales, diputaciones locales y la mayoría de las presidencias municipales mexiquenses, mi compañero Carlos Moreno Carreto tuvo la oportunidad de conversar con la triunfante Delfina Gómez Álvarez.

En esa charla, más o menos informal, la maestra Delfina se animó a comentar acerca de aquellos priistas y panistas que contribuyeron, en su momento, precisamente al triunfo de Morena en las elecciones federales y estatales.

La hoy delegada en el Estado de México del gobierno federal relató que personajes como Aarón Urbina Bedolla, cacique de Tecámac, y hasta la ahora presidenta estatal del Partido Revolucionario Institucional, Alejandra del Moral Vela, se habían sumado a la estrategia electoral de Morena para consolidar un triunfo sin antecedente histórico en esta entidad.

También argumentaba la maestra Delfina Gómez Álvarez que era “comprensible” que hubiera priistas y panistas que, cansados de los abusos de sus entonces líderes, hubieran decidido trabajar de forma subterránea o abierta a favor de un cambio político que propiciara nuevos resultados.

Alejandra del Moral, en el juego de las traiciones.

Pero la vida no se detuvo el 1 de julio del 2018, las cosas siguieron adelante. Muchos fueron los priistas y panistas que de plano decidieron cambiar de chaqueta e integrarse de forma plena a la naciente fuerza política de Morena, pero otros se quedaron en los institutos políticos en los cuales han militado desde años atrás.

Por eso, sorprende que sean esos priistas precisamente los que se hayan hecho del poder en el Revolucionario Institucional, los que lo tengan prácticamente secuestrado al que antes era la principal fuerza política de esta entidad, e incluso, como Alejandra del Moral Vela, se hayan dado hasta el lujo de llegar a la presidencia del tricolor para desde ahí intentar nuevamente hacerse del poder político que ven poco a poco irse de las manos.

Por eso las cosas están como están en el Partido Revolucionario Institucional, porque lo que queda de ese partido ha sido coptado prácticamente por un grupo de políticos indefinidos, que lo mismo sirven a cualquier amo, mientras eso les asegure continuidad en sus proyectos políticos personales, acceso a cargos públicos de primer nivel, y dinero y poder que es finalmente lo único que los mueve.

Ahora nos enteramos que la supuesta presidenta estatal del Partido Revolucionario Institucional, Alejandra del Moral Vela, además de estar implicada en un presunto fraude en el Banco Nacional de Servicios Financieros (Bansefi), donde antes trabajó, ahora estaría implicada en un peligroso juego como “doble agente”, pues en sus ratos libres como presidenta del PRI mexiquense, los cuales parece que son muchos, se dedica a respaldar al ex candidato a la Presidencia de la República, José Antonio Meade, en su intento de conformar una organización política nacional que buscan convertir en partido político para la próxima elección federal, la del año 2021, cuando se renueve el Congreso federal, y, a nivel estatal, también las 125 presidencias municipales y los escaños de la Cámara de Diputados.

Así de extraño el actuar de Alejandra del Moral Vela, quien, por un lado, asegura que “lucha” para rehabilitar al priismo mexiquense con su “inteligente” campaña de credencialización, la cual, por cierto, aseguran que no se trata más que de un negocio al amparo del partido, porque estaría llevando buena “mochada” de los aproximadamente cinco pesos que cuesta cada credencial que se entrega a los priistas, pero, además, ahora se dedica a movilizarle y acercarle a José Antonio Meade grupos en busca de la formación de un nuevo partido político.

Hay quienes aseguran que ese es el plan de fondo para la renovación priistas; es decir, enterrar los huesos de lo que queda del Revolucionario Institucional, y, con su estructura, organizaciones afines y cuadros emergentes, crear una nueva alternativa electoral al amparo de la sombra del peor candidato en la historia del propio PRI a la Presidencia de la República. Ese es el fondo del por qué el pobre PRI mexiquense está dando sus últimas patadas. Ni modo.

 

Clamor en el desierto

 

El único que parece verdaderamente interesado en hacer algo digno que ante la sociedad demuestre que el PRI todavía vale la pena es el gobernador mexiquense Alfredo del Mazo Maza, quien comprende perfectamente que no es con discursos como se va a convencer a la cada vez menos crédula población, sino que, con hechos, hay que demostrar que los priistas con dignos de confianza.

Al menos Del Mazo Maza no pierde tiempo para todos los días hacer algo que demuestre que el camino se construye andando, y que por encima de las adversidades que se enfrentan, lo mejor es seguir moviendo los pies para construir mejores rutas hacia el progreso.

Del Mazo Maza, se observa, no se resigna a ser el último gobernador priistas del Estado de México; por el contrario, hace todos los días algo para evitar ese destino, y sabe perfectamente que la mejor forma de conseguirlo es trabajando.

El mandatario mexiquense es cada vez menos estruendoso, tanto en el discurso como en la actividad pública, pero eso sí, cada día se observa más como un político maduro que encontró en la actividad la mejor forma de contactar a un pueblo decepcionado de políticos que durante muchos años solamente prometieron y no cumplieron.

Alfredo del Mazo Maza parece ser el único priista interesado en demostrar la viabilidad de ese partido político.

Poco a poco Del Mazo Maza se está convirtiendo en un político cumplidor. Es poco lo que se usa como bandera política acerca de su actividad cotidiana, lo cual no todos consideran que sea una buena estrategia política, pero parece que está convertido en un político resuelto a entregar resultados, y eso para la gente es de mayor valor que el protagonismo.

En la suma de cosas, Del Mazo Maza marcha, y por mucho, a paso mucho más intenso y sostenido que sus antecesores, priistas que confiaban, tal vez demasiado, en la “fuerza” electoral que los respaldaba, pero para el actual mandatario mexiquense parece que lo más importante es el servicio a la sociedad, sin que parezca significativo que se sepa o no lo que hace todos los días.

Del Mazo demuestra que poco a poco se transforma en uno de esos personajes que creen en hacer el bien sin mirar a quién, y que tiene como principio fundamental que lo bueno que hace la mano derecha jamás lo sepa la mano izquierda.

Por lo que hace al manejo político de su administración, en medio de un ambiente totalmente diferente en el que su partido político dejó de ser mayoría tanto en el Congreso local como en la suma de ayuntamientos, lejos del enfrentamiento o la disputa politiquera, el mandatario mexiquense opera en el marco de la sensibilidad, la conciliación y la coordinación.

Él sabe que se trata ahora de un gobierno corresponsable, pues lo malo y lo bueno tendrá efectos políticos tanto para los priistas que son mayoría en el Poder Ejecutivo, como para los miembros del Movimiento de Regeneración Nacional que controlan el Poder Legislativo mexiquense. Son nuevos tiempos, son nuevas relaciones, son nuevas formas de hacer política, a las cuales Del Mazo Maza se acopló adecuadamente y hace su labor con firme mano derecha y delicada izquierda.

 

La última y nos vamos…

 

Excesivamente confiado el secretario general del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, José Manuel Uribe Navarrete, quien en público y en privado esboza una pícara sonrisita cuando alguien le habla de la necesidad de aclarar el destino de los recursos que integran el Fondo de Retiro de los profesores mexiquenses, el cual anda como “perdido”.

Y puede tener razón Uribe Navarrete cuando señala que si hubo o no malos manejo en la administración de los recursos del Sindicato de Maestros no es su responsabilidad, porque él acaba de llegar a la secretaría general.

Sin embargo, sería bueno que José Manuel Uribe Navarrete recordara que en esto de la administración, en este caso del sindicato más importante de docentes de entidad alguna en este país, con más de 100 mil miembros activos y muchos más jubilados, “tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”.

También habría que recordarle al ahora secretario general del SMSEM que durante su campaña proselitista, precisamente en busca de ese cargo, se cansó de repetir su compromiso de que, al llegar a la dirigencia del SMSEM, se aclararían los presuntos malos manejos que decenas de profesores le reclamaron durante sus recorridos.

A José Manuel Uribe Navarrete se le «olvidó» rápido la promesa que hizo al magisterio mexiquense de aclarar ¿dónde quedó el dinero del fondo de Retiro?

¿Dónde quedaron esas promesas? Se pregunta la base magisterial, porque buena cantidad de votos expresados a su favor fueron condicionados precisamente al compromiso de aclarar el destino del dinero del Fondo de Retiro de los docentes, lo cual no ha ocurrido, ni se le ven muchas ganas de que ocurra al nuevo líder de los mentores mexiquenses.

Ya hay quienes sospechan cierta corresponsabilidad de José Manuel Uribe Navarrete en esos manejos medio turbios que  evidentemente se han dado en el Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, pues, de otro modo, no se entiende por qué el evidente interés de Uribe Navarrete de hacer ver como si no pasara nada, como si el dinero de los profesores retirados simplemente hubiera desaparecido, se hubiera esfumado, sin responsabilidad de nadie de ese “acto de magia”.

¿No será que sea cierto que parte de ese dinero se utilizó precisamente para financiar la campaña proselitista de José Manuel Uribe Navarrete? O que más allá del uso del dinero, correcto o incorrecto, existe un “pacto” del líder del SMSEM con algunos de sus antecesores que sí le metieron la mano a esos recursos y en mucho contribuyeron para que el dinero desapareciera. ¿Será?

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