Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

¿Aliados electorales?

 

Uno de los principales activos para ganar una elección son los servidores públicos. El partido político que detenta el gobierno en un país o en una entidad en específico tiene, se supone, a los servidores públicos como aliados en materia electoral.

Hasta hace no mucho tiempo el Partido Revolucionario Institucional tuvo en los servidores públicos a sus grandes aliados para ganar la elección, no solamente eran votos “seguros”, según las proyecciones políticas, sino, además, se convertían en importantes operadores políticos que eran capaces de llevar la ideología partidista hasta las más alejadas comunidades del Estado de México y del país en general.

Los profesores, por ejemplo, fueron durante décadas los principales promotores del voto a favor del Revolucionario Institucional, dado que ellos mismos eran los mejores representantes de todo lo bueno que era capaz de hacer un partido político en beneficio de los mexicanos, o de los mexiquenses para el caso específico del Estado de México.

Los mal llamados burócratas, ese gran ejército de mujeres y hombres que llenan las oficinas de los gobiernos federal, estatal y municipales, fueron durante mucho tiempo parte fundamental en la estrategia político-electoral para hacer ganar a los candidatos del partido político que todavía detenta el poder en el Ejecutivo del Estado de México.

Durante los años que me tocó laborar al servicio del Gobierno del Estado de México recuerdo como se armaban las llamadas pirámides o telarañas, que era algo muy simple, ya que los servidores públicos perfectamente identificados con la ideología política imperante se dedicaban a invitar a votar a sus amigos, familiares, vecinos, incluso existían unas listas en las que se anotaban los nombres y los datos electorales de aquellos a los que ya se había “convencido” de votar a favor de los candidatos afines.

Con eso el efecto multiplicador se hacía presente, y daba muy buenos resultados, porque si cada uno de los más de 150 mil empleados del gobierno estatal eran capaces de atraer por lo menos cinco sufragios, esto era algo arrasador a la hora de ir a las urnas.

Sin embargo, las cosas han cambiado, y ahora ya no es tan sencillo llevar a cabo ese tipo de convencimiento electoral, porque, para empezar, ahora son muy pocos los servidores públicos de mandos medios y altos verdaderamente convencidos de respaldar al partido político dominante en esta entidad, a pesar de que en realidad comen de éste.

Es verdaderamente garrafal como algunos que cobran en el Gobierno del Estado de México, haciendo uso de la libertad personal, se la pasan en sus cuentas de las redes sociales hablando pestes del gobierno del cual ellos mismos forman parte, sin darse cuenta de que lo que tanto critican es lo mismo que ellos hacen, de lo cual, repito, llevan a sus casas el dinero para alimentar a sus familias.

Hay hoy miles de servidores públicos que abiertamente apoyan en sus cuentas de redes sociales a candidatos de institutos políticos diferentes a los que pertenece la administración para la cual trabajan, como si en verdad el cambio de partido político fuera a representar para ellos y para los suyos una mejora sustancial en la calidad de vida.

¿Acaso no pensarán un poquito que si en verdad hay un cambio de partido político en el poder todos ellos son los primeros en estar en la zona de riesgo de quedarse sin empleo?

¿De verdad son tan poco inteligentes esos servidores públicos como para no darse cuenta que el triunfo de los candidatos de otros partidos será el principio del fin para sus cómodas vidas?

Pues no, parece que no se dan cuenta, y están tan apasionados por la grilla política imperante en este momento, en franco apoyo a otras ideologías partidistas, que se dejan ir y cuestiona, y critican y hasta ofenden a quienes en realidad son los promotores de que tengan que llevar a sus hogares.

 

Descontento blanco

 

Pero tampoco los culpo, en realidad hay un gran descontento en algunos sectores de la administración pública estatal que hacen que este tipo de actitudes salgan a relucir, y si no lo creen, pues simplemente habrá que darse una vuelta por las clínicas y hospitales del sector salud del Estado de México para darse cuenta de lo que es en realidad estar molesto, estar disgustado, estar convertido en auténtico opositor al régimen del cual ellos mismos forman parte.

Y es que a los trabajadores del sector salud del Estado de México les han tomado el pelo de lo lindo, los tienen sumidos en una situación verdaderamente incómoda incluso para el ejercicio de sus funciones.

Basta con recordar a aquel empleado de la Comisión de Regulación Sanitaria que hace unos días se declaró en huelga de hambre frente al palacio de gobierno estatal para denunciar los malos tratos y extorsión que sufren esos empleados en aquella dependencia.

De acuerdo con su versión, a cada inspector de regulación sanitaria le exige hasta 10 mil pesos al mes para conservar su plaza, para estar en determinada zona realizando las labores de inspección y regulación. ¿Y de dónde saca un empleado 10 mil pesos al mes? Pues es obvio, de la extorsión que forma parte de la corrupción que impera en ese sector salud del Estado de México.

Para que cualquier inspector de regulación sanitaria pueda cumplir con esa cuota de 10 mil pesos, pues tiene que realizar las inspecciones suficientes a bares o restaurantes y ser capaz de encontrar algo que esté mal, alguna violación a la ley sanitaria, y luego, pues comienza el juego de la extorsión.

El inspector amenaza al propietario del establecimiento de que será sancionado, incluso suspendido o clausurado, y de ahí viene la clásica conversación de ¿no habrá forma de arreglarnos? Y sí la hay, con un billete de por medio, con lo que es posible no aplicar la sanción correspondiente y permitir que el negocio siga operando, aunque sea fuera de la ley.

Y así es como los inspectores sanitarios van de negocio en negocio obligando a los propietarios a “arreglarse” con lo que van cayendo los billetes hasta que se acumulan y se reúnen los 10 mil pesos que les exigen sus jefes para conservar su plaza, su adscripción a una zona determinada, y el privilegio de seguir “aplicando la ley” para hacerse de unos billetes, por la vía mala.

Pero esto, aunque suene atractivo, sobre todo si se piensa que obviamente en el inter entre la no aplicación de una multa y el “arreglo” pues siempre habrá la posibilidad de quedarse con un dinero adicional al sueldo, aunque haya que tener siempre presente la “cuota” de 10 mil pesos que exigen los jefes.

Pero ese empleado va a vivir permanente en la angustia de poder reunir o no los 10 mil pesos que le exigen sus superiores, y que ellos dicen que también entregan a los mandos más altos de la Secretaría de Salud del Estado de México, por lo que esos empleados ya están fastidiados de ese mecanismo de extorsión, por lo que ya no están contentos ni de trabajar ahí y mucho menos de pertenecer a tal o cual partido político en el poder.

Pero eso se repite hoy en francamente todos los hospitales y clínicas del Sector Salud del Estado de México, donde médicos y enfermeras no son víctimas de esa extorsión económica, pero sí, en cambio, están fastidiados ellos de ser los “malos” del cuento.

Es un secreto a voces que hoy los hospitales y clínicas del Estado de México están en la ruina total, no hay medicamentos, instrumental y mucho menos insumos hospitalarios. Entonces, todos los días los médicos y enfermeras tienen que enfrentar auténticas hordas de ciudadanos que acuden en busca de asistencia médica, que ellos no pueden brindar, no por falta de ganas, sino porque no tiene lo elemental para realizar adecuadamente su función.

Un médico hace dos días decía en la clínica de salud de Toluca, la ubicada en la calle de Josefa Ortiz de Domínguez, que para que le pasaban a un paciente con una probable fractura si no lo podía atender con profesionalismo, pues para determinar si lo enyesaba o no tenía que contar con una radiografía, y tenía meses que el aparato de Rayos X de ese centro hospitalario no funciona.

De ese tamaño es la situación que tiene que enfrentar los médicos y enfermeras del sector salud, por eso están fastidiados, están hartos, están decididos a todo con tal de castigar a quienes los están haciendo sufrir, por eso hoy ellos mismos, los que antes eran los mejores promotores de votos a favor del partido político en el gobierno, se han convertido en los mejores promotores, pero del voto en contra, del llamado voto de castigo.

A final de cuentas, ¿qué es en realidad un voto de castigo? Pues un voto de castigo es simplemente sufragar en contra de aquel instituto político al que tú crees que es el responsable de todos tus males.

Así, hoy, los que eran los mejores aliados del partido en el gobierno, se han convertido en sus peores detractores, y son los que están “trabajando” a marchas forzadas para hacer perder la próxima elección al instituto político que ellos consideran que es el responsable de los problemas que enfrentan.

Ya no hablaré más de los miles de trabajadores afectados por el no pago de sus pólizas de seguros individuales, de vida, de casas, de autos, que el anterior titular del Instituto de Salud cobró, retuvo, pero nunca pagó a las empresas aseguradoras, por lo que hasta el momento ya suman tres ex empleados del ISEM que fallecieron y que sus familiares nunca tuvieron la posibilidad de cobrar esas pólizas, simplemente porque el ex secretario de Salud del Estado de México, César Nomar Gómez Monge, decidió que había cosas “más importantes” a las cuales desviar esos recursos, dinero que se desprendió del salario de los empleados.

¿Cómo no van a  estar enojados esos empleados? Hoy les llaman el voto blanco, y ese voto blanco seguramente no será a favor del partido político que alberga a esos tipos que tanto daño le hicieron a los médicos, enfermeras y empleados administrativos del Sector Salud. Que a nadie sorprenda los resultados de ese voto.

 

Los americanistas de Morena

 

A los candidatos del Movimiento de Regeneración Nacional les está pasando lo mismo que a los jugadores del América, creen que con salir a la cancha con la playera puesta ya ganaron el partido. Nada más erróneo.

Los abanderados a cargos de elección popular del partido de Andrés Manuel López Obrador creen que ganarán en cascada, que no necesitan hacer campaña, que ya todos están “convencidos” por el simple hecho de que AMLO marcha a la cabeza en las encuestas, comenzando por las que él mismo manda hacer con solo mil entrevistados.

Esa confianza infundada hará perder a varios, sobre todo a los que en realidad no cuentan con ninguna trayectoria política, esos que ganaron sus candidaturas en la famosa tómbola de Morena, donde se rifaron las posiciones políticas.

Tampoco ganarán aquellos que no saben ni como se llaman, como el caso bien sabido de Gabriel Gutiérrez Cureño, candidato de Morena a diputado local en el distrito 37, con cabecera en Tlalnepantla, sujeto que en realidad vive en Ecatepec y que su máximo logro académico es dejar trunca la educación secundaria.

Los de Morena creen que en realidad irán a las urnas solo los llamados “Pejezombis”, esos que votarán por los colores del Movimiento de Regeneración Nacional porque así se les ha instruido desde lo más alto de su pirámide político, sin ver si el candidato por lo menos sabe leer y escribir.

Pero no será así, los habitantes del Estado de México son más inteligentes que eso, no van a votar solamente porque todo el mundo quiere ser de los que votaron por el ganador, y hay que entender que no es lo mismo la cercanía que los electores tienen con el aspirante a una presidencia municipal que la distancia con un abanderado presidencial.

Es un error, pero del cual parece que no han aprendido la lección, incluyendo a la maestra Delfina Gómez Álvarez, quien no hace ni un año se llevó el “frentazo” en esas condiciones, pues creyó que con el puro nombre iba a ganar una elección a la gubernatura mexiquense.

Para ganar se necesitan tres factores: oferta política, estructura política y dinero. Los candidatos de Morena carecen de oferta política, pues habría que revisar las plataformas que registraron ante la autoridad electoral, las cuales son simples copias del compendio ideológico de su máximo líder, López Obrador, sin aportar nada en lo particular a los problemas específicos del Estado de México.

Tampoco tienen estructura política, porque creen que del cielo bajarán los ángeles a cuidarles el voto el día de la elección, y el dinero que tienen no lo quieren invertir, porque saben que no se trata de una apuesta cerrada, sino de una posibilidad de triunfo que depende de otro, no de ellos mismos.

 

La última y nos vamos…

 

La Legislatura local convocó ayer a un nuevo periodo extraordinario de sesiones, el cual tendrá un asunto por tratar muy relevante: la suspensión de los programas sociales durante el periodo de campañas políticas.

El presidente de la Junta de Coordinación Política, Miguel Sámano Peralta, ha tejido muy fino en las últimas semanas para crear los consensos que se requieren a fin de lograr que esa suspensión por motivos electorales no se refleje en perjuicio de los mexiquenses, sobre todo los más necesitados, aquellos que verdaderamente dependen de esos recursos incluso para sobrevivir.

Es que más allá de la política existen necesidades reales entre la población, y para algunos políticos es muy fácil decir que se suspendan todas las entregas habidas y por haber, pero no se dan cuenta del daño real que esa medida puede ocasionar.

Se trata de unos 20 programas sociales prioritarios que Sámano Peralta ha defendido para que no se suspendan por capricho electoral, pues el resto de programas bien pueden esperar, pero no aquellos de los que depende la sobrevivencia de muchos mexiquenses.

Esperemos que exista la prudencia necesaria para que ese asunto se resuelva sí, en apego a la ley, pero también con una buena carga de sensibilidad humanitaria, que en este momento hace mucha falta. ¿O no?

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