POR: YAZMIN RIVERO.
• ¡VIOLENCIA Y DENUNCIA!: UN DERECHO QUE DEBE SER PARA TODOS.
• LA DOCENCIA EN CRISIS: UN LLAMADO URGENTE A LA EMPATÍA Y AL APOYO REAL.

En muchas ocasiones, los hombres que viven violencia por parte del sexo opuesto no se atreven a denunciar. El miedo a no ser tomados en serio, la vergüenza social y la percepción de que “un hombre no puede ser víctima” son barreras que silencian sus voces.
Incluso quienes se animan a iniciar una denuncia, muchas veces no la concluyen por la falta de apoyo, la desconfianza en las instituciones o el temor a ser juzgados.
No se trata de restar importancia a la violencia que sufren las mujeres, sino de reconocer que toda forma de agresión, venga de quien venga, es inaceptable.
Las leyes y los mecanismos de protección deben existir para todos, sin distinción de género, garantizando que cada persona que sufra violencia tenga el respaldo y la justicia que merece.
Hacer conciencia es entender que la igualdad no se logra protegiendo solo a un grupo, sino asegurando que los derechos humanos se cumplan para todos por igual.
Se trata de entender que la violencia no tiene género y se tiene que erradicar para tod@s.
- + + La docencia, pilar esencial para el desarrollo de cualquier sociedad, atraviesa un momento crítico.
Cada vez más maestros y maestras deciden renunciar a sus plazas, no por falta de vocación, sino por el desgaste que implica trabajar en un sistema que les ofrece poco respaldo.
La ausencia de apoyo real por parte de algunos sindicatos y las carencias estructurales dejan a los docentes expuestos a condiciones laborales que poco reconocen su esfuerzo.
A este panorama se suma una realidad dolorosa: la escasa empatía social hacia quienes forman a las nuevas generaciones.
La sociedad suele exigir resultados académicos sin considerar el contexto de trabajo, la sobrecarga de tareas administrativas y la presión constante que enfrentan los educadores.
Hacer conciencia sobre el valor de la docencia no es solo un acto de justicia, es una inversión en el futuro.
Reconocer, apoyar y respetar a quienes dedican su vida a enseñar es responsabilidad de todos.
Sin maestros motivados y respaldados, el derecho a una educación de calidad se vuelve una promesa incumplida.
¡UN MAESTRO QUE SE VA, ES UN FUTURO QUE SE APAGA!
No renuncian por falta de amor a enseñar, renuncian porque se sienten solos, sin apoyo y sin voz. Los sindicatos callan, la sociedad olvida… y nuestros niños pierden.
Es momento de abrir los ojos: sin docentes, no hay esperanza.
