- Frenemos la revolución por venir
- Indispensables aumentos del 20%
Autores: Elsa Pérez Paredes
y Juan Carlos Paredes
Capítulo uno: La invisibilidad del Salario Mínimo
Es enorme la complejidad de la vida.
Los retos, los problemas a vencer tienen una dimensión que roza lo infinito. Así es la vida.
Podríamos decir que se trata de un gigante, con tal estatura, que le rascaría el ombligo al cielo con tan solo alzar la mano.
Son abismales, pues, los retos por superar en esta extraordinaria nación de 133 millones de mexicanos.
Por hablar solo de un problema, mencionaremos el consumo de la Coca Cola.
Un pueblo con una pandemia por diabetes, no puede ser el país número uno a nivel mundial en el consumo de esta agua negra del capitalismo.
Es paradójico, demencial, que amplios porcentajes de la población registren un alto nivel de glucosa, y que consuman un refresco endulzado con 26 cucharadas de azúcar por litro.
Y todo por la “magia” de la publicidad, por la imposición del interés y prioridad económica del capitalismo por encima incluso de la salud de la población.
Así como el de la Coca Cola, enfrentamos miles y miles y miles de problemas.
Nombrarlos de manera genérica nos llevaría muchas cuartillas.
Esta gran nación enfrenta una infinidad de problemas estructurales, en los ámbitos cultural, de inseguridad y en una marcada explotación de la clase trabajadora. Se trata de dificultades imposibles de superar en muchos casos.
Dentro de la inmensa problemática, tenemos un asunto al que de ninguna manera se le da la dimensión necesaria: el alza sustancial a los salarios mínimos.
Se podría decir que existe una “invisibilidad” en cuanto a los minisalarios.
Nadie habla de la urgencia de que registren un alza multianual los salarios de hambre, de esclavitud, de inhumana explotación.
Nadie dice que incluso el salario mínimo es inconstitucional, al no ser suficiente.
Pareciera que la oligarquía, que los dueños de los medios de producción, tienen vetadas esas dos palabras: salario mínimo.
Se trata, y por mucho, de la primera problemática que enfrenta México.
De un problema toral, mismo que es posible superar en el corto plazo sin afectar la economía, sin disparar la inflación y sin frenar las inversiones productivas.
Este libro -este grito en la oscuridad en la que sobreviven cerca de 90 millones de seres humanos, de compatriotas- tiene una finalidad.
Es una propuesta en la que se establece y se demuestra con base en estudios científicos, que es posible -e indispensable- alcanzar aumentos salariales del 20 por ciento cada año, al menos durante la siguiente década.
Y es que solo así, con esos incrementos sustanciales, la mayoría de la población podrá salir de las condiciones de miseria, de esclavitud asalariada en la que sobrevive.
Es urgente y es posible sacar de la miseria en la que subsisten dos terceras partes de la población.
Pongámonos en los zapatos de estos 90 millones de mexicanos que apenas ganan entre uno y dos minisalarios al mes.
Pongámonos en los zapatos del 66 por ciento de la población que apenas y percibe en promedio cerca de 12 mil pesos mensuales.
Imagina tener un sueldo de 400 pesos diarios y con eso pagar renta, pasajes, servicios de salud, alimentos y otros servicios básicos para ti y para tu familia.
Es dantesco, es inhumano condenar a la miseria de hecho absoluta a dos terceras partes de los mexicanos.
Como seres humanos no podemos permitir que la clase trabajadora apenas y sobreviva con salarios de hambre.
Esta población mayoritaria no solo vive en condiciones de oscuridad, de penuria económica.
Duerme con hambre y despierta para volver a ser explotada.
Y todavía peor: en un año continuará en las mismas condiciones de subsistencia.
Y en 10 años y en 20 años permanecerá igual.
Y sus hijos y sus nietos sobrevivirán en la misma situación inhumana.
Si no actuamos con sentido social, como seres humanos para evitar esta situación, hagámoslo al menos por vil interés personal.
Hagámoslo por lo menos por la exclusiva conveniencia de contar con estabilidad social duradera.
Y es que existe una ira acumulada entre la gente que percibe salarios de hambre, en la que se encuentra la mayoría de la población.
Esta desesperanza se traduce en una fuerte irritación contenida. Malestar acumulado que no será secular, eterno.
En en futuro cercano, esta ira contenida explotará como una olla exprés, y se traducirá en una revolución armada.
Una guerra civil que solo puede ser detenida -remarcamos- con incrementos sustanciales al salario mínimo.
Ni los programas sociales ni la economía del bienestar compartido, evitarán una revolución en el futuro cercano.
Es necesario, indispensable el registro de aumentos de al menos el 20 por ciento anual durante una década, o vendrá una guerra civil.
Tenemos dos alternativas: aumentos salariales verdaderos o una revolución.
¿Qué prefieres?
Es inexistente, por inviable, otra alternativa para sacar adelante con justicia y con un verdadero bienestar social a esta gran nación.
México es uno de los países con menores salarios mínimos en el mundo.
Por esa situación, por la pobreza extrema en la que viven las mayorías, se generan en cascada otros graves problemas como la desigualdad, los muy altos niveles delictivos y el limitado consumo interno.
Luchemos todos por exigir salarios dignos y por añadidura el respeto irrestricto a la Constitución Politica de los Estados Unidos Mexicanos.
La llamada Carta Magna contempla el Salario Mínimo en el artículo 123, apartado A, fracción VI.
En ese artículo constitucional se marca que los salarios mínimos deben ser suficientes para cubrir necesidades materiales, sociales, culturales de un jefe de familia y la educación de los hijos.
Y su propósito es garantizar un nivel de vida digno, al incluir las necesidades básicas y la educación para los hijos, no solo la subsistencia.
Exijamos todos salarios mínimos dignos. Luchemos por alcanzar esta meta: incrementos de al menos el 20 por ciento anual a los minisalarios.
Los ricos, los capitalistas, los dueños de los medios de producción, deben limitar un poco, tan solo un poco, sus muy altas ganancias que logran por medio de la explotación laboral extrema.
Es posible un México mejor, menos injusto e inhumano. Hagamos que las cosas sucedan: incremento sustancial al salario mínimo.
Todos debemos alzar la voz en demanda de mejores salarios. ¡Salarios dignos ya! ¡No más salarios de hambre!.

