DESARROLLO EN INFRAESTRUCTURA E INVERSIÓN GLOBAL CONSOLIDAN SU LIDERAZGO JUNTO CON BRASIL
HORACIO JIMÉNEZ

México y Brasil se consolidan como las principales potencias emergentes del hemisferio, con proyecciones de organismos financieros internacionales que los ubican entre las diez economías más grandes del mundo hacia 2030, impulsando un reacomodo en el equilibrio económico global.
A diferencia de otras economías emergentes, ambos países han logrado construir un tejido industrial y tecnológico competitivo, dejando de depender exclusivamente de materias primas y posicionándose con fuerza en las cadenas globales de valor.
Mientras Brasil basa su crecimiento en la diversificación productiva, la industria verde y el desarrollo tecnológico, México avanza gracias a su ubicación estratégica, la manufactura avanzada, el comercio internacional y la innovación energética.
De acuerdo con estimaciones de PwC y Standard Chartered, Brasil podría superar los 4.4 billones de dólares de PIB y México alcanzar los 3.6 billones, medidos por Paridad de Poder Adquisitivo, lo que los colocaría por encima de varias economías europeas tradicionales.
En el ámbito geopolítico, Brasil fortalece su papel dentro de los BRICS al estrechar vínculos con Asia y otras economías emergentes, mientras México consolida su relación con Estados Unidos mediante el T-MEC y amplía su presencia comercial en Europa y Asia.
El crecimiento simultáneo de ambas naciones perfila a América Latina como un actor más influyente en los foros globales, con capacidad para redefinir los flujos de inversión, energía y tecnología, y contribuir a la construcción de una nueva arquitectura económica multipolar.
Este potencial económico, va a la par de la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum, que es la Jefa de Estado con mayor aceptación en América Latina.
