
No importó el idioma. Tampoco si las palabras se escuchaban o se interpretaban con las manos. Durante la reunión anual de los Testigos de Jehová, titulada «Felices para Siempre», quedó claro que el mensaje bíblico puede llegar a todos cuando existe la voluntad de incluir.
Desde temprana hora, familias enteras comenzaron a ocupar sus lugares. Niños, jóvenes, adultos y personas mayores compartían un mismo propósito: fortalecer su fe y encontrar respuestas en la Biblia para enfrentar los desafíos de la actualidad.
Lo que más llamó la atención fue el esfuerzo realizado para que nadie quedara fuera. El programa se desarrolló en español, inglés, coreano y ruso, pero además contó con interpretación en Lengua de Señas Mexicana, así como apoyos para personas con discapacidad visual, convirtiendo el encuentro en un verdadero ejemplo de inclusión.
Cada interpretación representó horas de preparación, estudio y compromiso. Lo más admirable es que quienes hicieron posible este trabajo lo realizaron de manera completamente voluntaria, utilizando sus propios recursos y sin recibir remuneración alguna.
Entre ellas destacan Alicia Coayutitla Jaimes Arriaga y Lilia Delfina Juárez Jiménez, intérpretes que, con profesionalismo y sensibilidad, acercaron el contenido del programa a quienes se comunican mediante la lengua de señas, demostrando que la inclusión también puede convertirse en una forma de servir.

Durante el evento, Miguel Ángel Rodríguez Rendón, portavoz local de los Testigos de Jehová, explicó que en una época marcada por la incertidumbre, la violencia y los cambios sociales, conocer la Palabra de Dios representa una fuente de esperanza para millones de personas.
«Nuestro objetivo es que cualquier persona, sin importar su idioma o condición física, tenga la oportunidad de conocer el mensaje de la Biblia y beneficiarse de él», expresó.
Más que un congreso religioso, «Felices para Siempre» dejó la impresión de ser un espacio donde la diversidad dejó de ser una barrera para convertirse en una fortaleza. Cada idioma, cada interpretación y cada gesto reafirmaron que la fe puede unir a las personas cuando existe el deseo genuino de que nadie quede excluido.
Al concluir la jornada, la imagen permanecía en la memoria: manos traduciendo esperanza, miradas atentas siguiendo cada explicación y cientos de asistentes compartiendo un mismo mensaje. Una muestra de que la inclusión no siempre se anuncia con grandes discursos; muchas veces se construye con actos silenciosos de servicio, generosidad y amor al prójimo.
