EL FINANCIAMIENTO A LOS PARTIDOS PONE A PRUEBA LA CONGRUENCIA DE MORENA
YAZMÍN RIVERO

El proyecto presupuestal del Instituto Electoral del Estado de México para 2027 abre una discusión que merece salir de los escritorios: cuánto cuesta organizar las elecciones y cuánto se destina a sostener a los partidos.
Son gastos distintos, pero ambos provienen del bolsillo ciudadano y requieren explicaciones claras, explica el catedrático universitario y exdiputado, Horacio Jiménez.
El punto políticamente incómodo es Morena. Por su peso electoral, dice, el partido guinda se perfila como uno de los principales beneficiarios del financiamiento público. Esa posición obliga a contrastar los recursos que podría recibir con el discurso de austeridad que convirtió en bandera desde la oposición.
Durante años, el movimiento cuestionó el costo de la burocracia partidista y promovió reducir las prerrogativas. También defendió la devolución de recursos para atender necesidades sociales. El argumento era contundente: una política comprometida con la población debía aprender a funcionar con menos dinero.
Horacio Jiménez señala que ahora corresponde demostrar si aquel planteamiento conserva vigencia cuando la distribución resulta favorable. Recibir financiamiento conforme a las reglas no constituye, por sí mismo, una irregularidad. Pero la legalidad del ingreso tampoco resuelve la contradicción política entre exigir recortes desde la oposición y aprovechar el esquema desde el poder.
La discusión exige cifras, criterios y compromisos verificables. El instituto debe explicar sus necesidades operativas; los partidos, justificar sus recursos, y el Congreso, revisar el proyecto con rigor. Invocar la organización electoral no debería cerrar el debate sobre la proporcionalidad del gasto ni sobre las posibilidades reales de reducirlo, afirma el especialista en materia de derecho electoral.
Y dice que el presupuesto de 2027 pondrá a prueba la congruencia de todas las fuerzas políticas, especialmente de quienes hicieron de la austeridad una promesa. Morena tendrá que mostrar si está dispuesta a impulsar cambios que también reduzcan sus propios recursos. Los principios se acreditan cuando sostenerlos implica renunciar a una ventaja.
