EMILIO ULLOA
+++ LA DISCIPLINA NO PUEDE CONSTRUIRSE A TRAVÉS DE LA VIOLENCIA
+++ EL CASO DAFNE OBLIGA A REVISAR LA SUPERVISIÓN DE LAS ESCUELAS PRIVADAS
La muerte de Dafne Zapata, una adolescente de 13 años durante un campamento de una academia militarizada en Tamaulipas, dejó de ser un caso aislado para convertirse en un llamado de atención sobre los modelos educativos que recurren al miedo y al castigo como herramientas de formación.
La tragedia revela una deformación cultural en la que la disciplina se confunde con violencia, mientras algunas instituciones privadas ofrecían una supuesta educación de excelencia basada en obediencia absoluta, jerarquías rígidas y entrenamiento extremo.
Las investigaciones y los testimonios de exalumnos y padres exhibieron un patrón de abusos que incluía golpes, humillaciones, ejercicios excesivos, aislamiento y un ambiente de silencio impuesto por el temor, lo que evidenció una práctica sistemática y no hechos excepcionales.
Se debe cuestionar cómo estas academias pudieron operar durante años si, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, ese modelo nunca estuvo autorizado por la Constitución ni por la Ley General de Educación, señalando una clara responsabilidad institucional por falta de supervisión.
Estas escuelas no pertenecían al sistema educativo militar ni dependían de la Secretaría de la Defensa Nacional, sino que eran instituciones privadas que utilizaban la imagen y la disciplina militar como estrategia para atraer a las familias.
La autoridad no debe confundirse con violencia, pues la pedagogía, la psicología y los derechos humanos demuestran que la verdadera disciplina se construye mediante el aprendizaje, la responsabilidad y el respeto, no a través del miedo.
En ese sentido, debe decirse que es acertada la decisión de la SEP de cerrar las escuelas militarizadas de nivel básico, pero la medida será insuficiente si no se fortalecen los mecanismos de inspección, los protocolos contra la violencia y la vigilancia sobre los planteles particulares.
La muerte de Dafne debe marcar un cambio profundo en la forma de entender la educación y la protección de la infancia, porque cuando la violencia se disfraza de disciplina, el abuso termina ocultándose detrás de un uniforme.

