HAY QUE DECIRLO

Por Mario Alberto Falcón Correa

 

+ Lectura entre líneas del mensaje del Presidente

Este viernes, el Presidente Enrique Peña Nieto convirtió a Toluca en el foco de atención de la clase política, al enviar desde el Palacio de Gobierno, un mensaje cargado de contenido y que vale la pena desmenuzar.

Al arribar al recinto que hasta hace pocos años fue su espacio de trabajo, el Presidente Peña fue recibido con un prolongado aplauso impregnado de calos humano. El hijo pródigo –en el mejor sentido de la palabra, regresaba.

Reapareció el Enrique Peña sonriente, afable, cercano a la gente y profundamente emocionado.

Sabe que su tiempo se agota, pero a diferencia de otros Presidentes de la República, en su ánimo no hay señales de sufrir la nostalgia por el poder.

Tampoco muestra preocupación o pesimismo por el hecho de que el primero de diciembre, después de entregar la Banda Presidencial en sesión solemne del Congreso de la Unión, será nuevamente un mexicano de a pie, distinguido tal vez, pero de a pie.

Por todo ello y muchas cosas más, su mensaje estableció bases de política partidista y de conducta personal como un activo de la vida del estado de México y del País.

La asistencia de gobernadores, legisladores, líderes sindicales, dirigentes de la iniciativa privada, explica la trascendencia del mensaje presidencial que, seguramente, fue el último de su sexenio con carácter político.

El acto del discurro del gobernador Alfredo del Mazo Maza con motivo de su primer año de gobierno, fue escenario idóneo para Enrique Peña Nieto.

SIN LINEA EN SU PARTIDO

Con voz firme y enfáticos ademanes, ratificó lo dicho en corto hace unos días en la Casa Estado de México.

Deben ser y serán los priístas quienes definan el rumbo del partido en su proyecto de resurgimiento, en el nuevo escenario local y nacional.

En una cuidada pieza oratoria, Peña Nieto evitó frases que pudieran interpretarse como una censura y hasta una condena, hacia los desleales y traidores que contribuyeron a la debacle tricolor.

Sería absurdo pensar que se mantendrá ajeno a los acontecimientos que surjan en el PRI nacional y estatal, pero reafirmó su condición de simple militante en igualdad de responsabilidades y derechos que los demás.

Peña Nieto conoce a fondo los vericuetos de su partido. Tiene identificados los intereses que mueven a grupos y actores interesados en obtener dividendos de lo ocurrido en el reciente proceso electoral.

Pero también es convencido de que no cuenta con la fuerza política ni con el suficiente peso al interior del PRI como para orientar la etapa de renovación que es urgente.

Una actitud de prudencia y discreto accionar, lo llevará a consolidar su autoridad moral en el seno de su partido, sea que continúe llamándose PRI o cambie su nominación.

Enrique Peña Nieto no se retira de la política. Ningún político lo consigue. Su legado pronto será evaluado puntual y correctamente, con aciertos y errores.

UN MEXIQUENSE NADA MOLESTO

En una de las muchas entrelineas de su mensaje, Peña Nieto aseguró que se reintegrará a los 17 millones de mexiquenses para contribuir al desarrollo de la entidad, “sin dar molestias a nadie”.

Esta fue una forma retórica de asegurar al gobierno de Alfredo del Mazo Maza, que no hará recomendaciones ni dará consejos sobre la conducción política y administrativa del gobierno.

Al mismo tiempo, advirtió tácitamente a quienes retornan del ámbito federal y lo acompañaron en el sexenio presidencial, que no hará llamadas telefónicas ni extenderá recomendaciones por un espacio en la administración estatal.

Deja en claro su decisión de ejercer ningún tipo de influencia en la vida pública de la entidad, como en algunos momentos lo hacen los exgobernadores Arturo Montiel Rojas y César Camacho Quiroz-

Enrique Peña Nieto está decidido a ser diferente. No tiene grupo político y el de los “Golden boys” al que perteneció, está total y absolutamente disuelto.

Así que todos deben estar tranquilos. El mexiquense Enrique Peña Nieto no dará molestias a nadie.

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