Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

¿El partido de Del Mazo?

 

Sobre el escritorio del gobernador Alfredo del Mazo Maza hay dos carpetas, ambas tienen qué ver con el futuro político del Estado de México, las dos implican al Partido Revolucionario Institucional. Similares en complejidad, distintas en estrategia, podría ser que de una de ellas dependa el futuro político del Estado de México. Habrá que ver qué decide.

No pasaron mucha horas de la derrota avasalladora que sufrió el Partido Revolucionario Institucional el domingo 1 de julio, cuando se citó a una reunión de carácter urgente y extraordinario para decidir simplemente cuál será el futuro político del Estado de México, a qué se le va a apostar en un entorno adverso donde la mayoría de los presidentes municipales serán de un color diferente al del Ejecutivo mexiquense y cómo se trabajará en un entorno en el que la Legislatura quedará en manos del Movimiento de Regeneración Nacional, seguramente con una actitud beligerante y con ánimo de revisar hasta las uñas de todo aquel que integre el Poder Ejecutivo estatal.

Desde semanas antes Del Mazo y su círculo cercano había tomado previsiones, pues estaban ya enterados de la lamentable situación que guardaba el Partido Revolucionario Institucional del Estado de México, donde no solamente se tomaron decisiones inadecuadas sino se falló en la operación y se cayó en dos de los más grandes pecados políticos en los que se puede incurrir: la confianza y la simulación.

Del Mazo, caballeroso como lo es, intentó enviar mensajes indirectos a la dirigencia estatal del Revolucionario Institucional para corregir la situación, nunca intervino de forma directa, aunque la tradición priista se lo permitía, pero él quiso respetar las formas y hacer lo políticamente correcto para no generar una crisis peor a la que ya había dentro del PRI mexiquense.

Por eso envió la señal vía uno de los principales operadores políticos, quien todavía tuvo la delicadeza de tratar el tema en forma respetuosa con el todavía dirigente estatal del PRI, Ernesto Nemer Álvarez, quien, por supuesto, montado en cólera y ciego por autoritarismo, tuvo el desatino de responder en forma grosera al interlocutor, al que envió con un mensaje claro: “me voy a morir en mi error, porque es mi error, y no voy a permitir que me muera por errores de otros”, acotó.

Ese fue el punto de inflexión que provocó que por primera vez el grupo interdisciplinario que rodea a Del Mazo Maza tuviera que trabajar en un escenario que nunca habían querido planear: ¿qué sigue si pierde el PRI? Esa es la cuestión.

Los que rodean al mandatario mexiquense esquematizaron los diferentes escenarios que podrían generarse ante una eventual derrota priista. Primero observaron qué pasaría si el candidato presidencial López Obrador se salía con la suya y conseguía la Presidencia de la República tras 18 años de buscarla a toda costa, pero los candidatos del PRI a presidencias municipales y diputaciones locales lograban mantener el control político de ambas figuras de gobierno.

El segundo escenario era el fatal, ya que preveía la posibilidad de que López Obrador se convirtiera en una ola política que arrastrara junto con él a todos los candidatos de Morena a alcaldías y diputaciones locales. En este escenario nadie quería ni pensar, pero era posible, y tan posible fue que al final de cuentas fue el que se impuso el pasado domingo 1 de julio.

Cuando llegaron a ese escenario, muchos dijeron que era poco probable, pero los más centrados en sus opiniones aclararon que aunque lejano, era posible, por lo que habría que estar preparados incluso para esa opción. Por eso se estructuraron dos rutas.

Esas dos rutas son precisamente las que dieron origen a las carpetas que al principio menciono, y no son exactamente un plan “A” y un plan “B”, sino se trata de dos rutas totalmente diferentes para atacar un mismo problema, una misma situación, a la cual, aunque nadie quería entrarle, era posible que se presentara y que se tendría que actuar de algún modo, lo más frío posible, lo más calculado que se pudiera, y de la forma más cerebral que hubiera de por medio.

Las carpetas prevén cada una ruta distinta para el día después, y aunque ambas tienen plena posibilidad de aplicación, todavía no se decide por cuál se trabajará, pero lo que es un hecho es que una de las dos se tendrá que poner en marcha si lo que se pretende es llegar al objetivo, que no es otro que retomar el control político del Estado de México, y, desde aquí, el del país para la clase política priista, o lo que queda de la misma.

El primer proyecto que está en el escritorio gubernamental tiene qué ver con una ruta de recuperación para el partido político, el PRI, con el que se pretende recuperar los espacios perdidos, sin abdicar a los colores, principios, esquemas y formas de organización tradicionales del Revolucionario Institucional.

La otra es la más fuerte, la de más choque, pero también la más coherente, y tiene como objetivo resucitar a la clase política que todavía tiene el control del Poder Ejecutivo del Estado de México, pero sin el PRI.

Aunque suena descabellado incluso mencionarlo, sí es posible, sí es real, sí es pensado por la clase política mexiquense, la posibilidad de enterrar definitivamente al Revolucionario Institucional para dar paso a una nueva fuerza política, con la experiencia acumulada en casi un siglo de dominio político en suelo mexiquense, pero apartada de todo aquello que se ha convertido en un lastre para cualquiera que se presente con la camiseta tricolor a cualquier elección.

Y ese es exactamente el principio de ese proyecto, el cuánto le pesa ahora a cualquier político el solo hecho de decir que es priista, cuántos votos le restan de entrada en cualquier elección, cual es el peso inicial que un priista lleva sobre los hombros cuando emprende cualquier competencia electoral. De ahí la necesidad de valorar si es viable seguir apareciendo ante el mundo como PRI o simplemente cambiar la forma.

Sé que esa posibilidad causa urticaria en la mayoría de los priistas, que pocos son los machos que estarían dispuestos siquiera a pensar en la posibilidad de ir a la aventura de crear un nuevo partido, que mínima es la cantidad de políticos a los que les llama la atención de comenzar de cero y emprender un proyecto distinto al que los ha albergado casi un signo a nivel estatal como parte del poder.

Por más loco que parezca, por más descabellada que suene la idea, es un hecho que se analiza esa posibilidad y se observa con detenimiento cuánto podría costar esa vía, no solo hablando de pesos y centavos, sino del costo político que pudiera representar a quienes nunca van a poder negar su origen partidista, por más que se sometan a una trasmutación.

Se trata en principio de una refundación del mismo PRI, aunque son muchos los que opinan que ya no es posible rehabilitarlo, que por mucho que se le invierta en dinero, tiempo, esfuerzo, horas de trabajo, lo cierto es que el resultado será escaso, por no decir pobre, muy pobre.

Por eso hay más quienes están por la idea de concebir el fin del PRI, el entierro del vetusto partido político para impulsar el nacimiento de uno nuevo, desde cero, con forma, organización y denominación totalmente diferente, ni siquiera haciendo uso del registro nacional que goza todavía esa fuerza política.

El plan es crear algo totalmente nuevo, de pies a cabeza, al que no se le pueda vincular con todos los actos de corrupción de los cuales se le acusan hoy al PRI, al que no se anteponga cuando se habla de abuso de poder, de enriquecimiento ilícito y de una larga serie de “pecados políticos” cometidos por muchos de sus miembros, no por todos, , pero sí por algunos que han dejado esa lamentable huella en la historia política nacional.

Aunque usted no lo crea, quienes hablan a favor de esa ruta tienen como ejemplo precisamente a su máximo adversario político, a Andrés Manuel López Obrador, quien fue capaz de crear a Morena de la nada, con una mano atrás y otra adelante, sin el registro de ningún otro partido político, sin antecedente alguno, todo sobre una sola columna, la de él mismo, y en torno a él construyó lo que ahora es nada más ni nada menos que la fuerza política hegemónica del país.

Morena enterró al PRD para nacer, para crecer, para reproducir y llegar a ser lo que ahora es, por lo que no a todos les paree descabellada la idea de hacer exactamente lo mismo con el PRI.

La idea es, en síntesis, desde el Estado de México crear un nuevo partido político, para el cual, por cierto, todavía no tienen nombre, pero sí declaración de principios, sí un proyecto político, y, por supuesto, un político “columna” sobre el cual podrían arrancar el proyecto. Se llama Alfredo del Mazo Maza, vive y gobierna en el Estado de México, y es el único priista del país que en realidad conserva un capital político suficiente para, haciendo bien las cosas, tener con qué pelear dentro de seis años, cuando la silla presidencial esté nuevamente en disputa. Interesante.

 

¿Cómo está Emir Garduño Montalvo?

 

Circula en internet información relacionada con una posible situación de crisis en torno al estado físico de Emir Garduño Montalvo, a quien se le recuerda más por el sobrenombre de #LordRollsRoyce que se le colocó tras la “fama” que alcanzó cuando sus elementos de seguridad golpearon salvajemente a un policía federal que tuvo el mal tino de atravesarse en el camino del lujoso automóvil en el que viajaba.

De ahí sobrevino todo un caso policíaco y de venganzas políticas que dio como resultado que el empresario de Metepec fuera a dar a la cárcel, primero en Almoloya de Juárez y, después, supuestamente por mal comportamiento, fue a dar a Ecatepec, al centro de rehabilitación y reinserción social Sergio García Ramírez.

Por meses el nombre de Emir Garduño Montalvo ya no sonó, fue desapareciendo del espectro informativo y quedó en el olvido. Recientemente solo se le mencionó de manera efímera para recordar su relación consanguínea con el candidato a diputado por el Partido Verde Ecologista de México por el distrito local 35, el cual, por cierto, quedó muy lejos de ganar.

Pero de su situación real poco se conoce, como de la mayoría de quienes están internados en prisión, pues se supone que nada de lo que al interior ocurre tiene por qué ventilarse más allá de los muros de la penitenciaría.

Pero recientemente, en internet, sobre todo en Facebook, algunos conocidos, amigos y familiares de Emir Garduño han hecho trascender que #LordRollsRoyce no la está pasando nada bien, por el contrario, se habla incluso de haber sido víctima de un par de atentados en los que se buscó arrebatarle la vida, obviamente a manos de otros presos, pero quienes es remota la posibilidad de que lo hayan hecho por iniciativa propia.

Entonces la pregunta sería ¿quién desea hacer daño a Emir Garduño? ¿Por qué habría alguien de buscar hacer daño a un empresario que se supone que ya purga una condena? ¿De qué se trata este caso?

La violencia al interior de las cárceles mexiquenses no es un asunto nuevo y mucho menos algo que sorprenda a nadie. En este medio expusimos en su oportunidad todo lo malo que ocurría con la presunta banda que en algunos penales hacía de la violencia, intimidación y maltrato una herramienta para la extorsión de otros internos, pero obviamente esto es algo más.

Si en realidad han sucedido esos dos atentados recientes en contra del empresario de Metepec, Emir Garduño Montalvo, la autoridad está obligada primero a decir la verdad, a dar a conocer qué sucedió, y, quizá lo más importante: por qué sucedió.

De ser cierto, obviamente que la autoridad carcelaria tiene la obligación de evitar que algo así siga ocurriendo, pues si alguien tiene ganas de hacer daño a Emir Garduño, seguramente puede fallar dos veces, pero seguramente lo seguirá intentando hasta conseguirlo, lo cual no puede ni debe ocurrir.

El silencio de los muros de las penitenciarías mexiquenses muchas veces se convierte en herramienta de complicidad para que muchas cosas malas ocurran al interior, lo que no puede ni debe permitirse, porque por mucho que haya hecho Emir Garduño, si es que algo hizo, no se le puede negar el derecho a la seguridad y debe garantizarse por sobre todas las cosas su integridad.

Es un llamado a tiempo para que después no digan que nadie dijo nada, porque en las penitenciarías mexiquenses tiene mucho tiempo que se trabaja a toro pasado, de forma reactiva, no preventiva, y eso no puede seguir ocurriendo.

 

La última y nos vamos…

 

No soy, ni por mucho, de quienes se pusieron felices el domingo 1 de julio con la victoria de Andrés Manuel López Obrador. Sigo pensando que no era la mejor opción para nuestro país. Pero quienes me conocen saben que creo en la democracia y respeto ampliamente la decisión ciudadana manifestada en las urnas.

Por eso, también me declaro en contra de quienes en los últimos días han soltado toda una cadena de críticas y comentarios negativos respecto al cumplimiento o no de las promesas que en campaña hizo Andrés Manuel López Obrador.

Circulan en la red de internet un par de videos en los que se hace escarnio de las tres recientes entrevistas concedidas al programa Primero Noticias, que conduce Carlos Loret, de integrantes de lo que será el gabinete de gobierno de López Obrador.

En estos documentos de video se dice que en menos de 72 horas los miembros del gabinete presidencial han dejado claro que no se cumplirán cosas como bajar el precio de la gasolina, ni siquiera mantenerlo, sino que seguirá subiendo.

También se critica la decisión eventual del próximo presidente de México de seguir adelante con las obras de construcción del próximo aeropuerto del Valle de México e incluso de vender o no el llamado avión presidencial que compró Felipe Calderón Hinojosa y estrenó y usó Enrique Peña Nieto.

Creo sinceramente que sigue radicalizado el ambiente político e informativo en torno al resultado electoral del 1 de julio, simplemente porque no se puede saber en realidad si cumplirá o no esas y otras promesas de campaña, dado que su administración no ha comenzado.

Para quien no lo sepa o no quiera recordarlo, lo cierto es que la administración de Andrés Manuel López Obrador comenzará hasta el 1 de diciembre de este año; es decir, faltan prácticamente cinco meses para ese momento, por lo que ahora lo que diga, haga o no haga, no deja de circunscribirse a un ambiente electoral, 100 por ciento político, que no está todavía muy alejado del asunto de los dimes y diretes.

¿Por qué no le damos oportunidad al señor Andrés Manuel López Obrador de que se siente en la Silla Presidencial y después vemos qué hace y que no hace? Pedirle cuentas al próximo Presidente de la República antes de que lo sea es realmente una posición que cae en lo ridículo.

Sé que muchos tienen prisa de que Enrique Peña Nieto se vaya, pero eso no va a pasar, él concluirá su gestión en los términos, fechas y formas en que el rito presidencial implica, no antes, no después, y luego veremos qué es capaz de hacer el señor Andrés Manuel López Obrador.

Conociéndolo a lo largo de los últimos 18 años, es probable que el próximo presidente de la República salga en uno rato más a desautorizar cualquier declaración de los presuntos miembros de lo que será su gabinete de gobierno, tan es así que ya fue capaz de cambiar al primero cuando todavía ni siquiera rinden protesta, como es el caso de Marcelo Ebrad, su “carnal Marcelo”, eso que pocos creían que iba a revivir después del desastre de la Línea 12 de Metro y que ahora ya está en la antesala de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Dejemos pues que las cosas se cocinen bien, hay que dar tiempo, e incluso confianza, a quien sebe actuar ahora como estadista y demostrar que es merecedor de esa multitudinaria confianza que obtuvo en las urnas el domingo 1 de julio, y ya que gobierne, ya que acierte, ya que se equivoque, entonces ya lo criticamos, decimos qué cumplió y qué no cumplió.

Confianza igual merecen las autoridades municipales electas en el Estado de México, a quienes no les pidan que cumplan lo que prometieron, cuando ni siquiera cerca están de tomar posesión de los cargos. Se les acaban de entregar las constancias de mayoría, lo cual no es ni por mucho el inicio de una gestión.

Déjenlos pues que se sienten, que calibren la silla, que se pongan a trabajar y que demuestren si en verdad son o no capaces. No se aceleren, hay que darles tiempo a todos, seguramente nos defraudarán lo suficiente como para que nos demos a la tarea de tundirlos a críticas y cuestionamientos en torno a todas las mentiras que dijeron cuando eran candidatos, las cuales, lo peor, es que millones se las creyeron. ¿O no?

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