Visión Puntual

Por: José Contreras Contreras

Más allá de la ilusión óptica

 

Pasada la elección de autoridades municipales y diputados locales, así como de Presidente de la República, senadores y diputados federales, el Estado de México debe retomar el rumbo, reiniciar actividades ordinarias y ponernos a trabajar todos en lo que verdaderamente importa a la sociedad: seguridad pública, salud y educación, entre los grandes pendientes.

Sobre los resultados electorales se ha dicho mucho en los últimos días, todo el mundo trata de explicar este fenómeno llamado López Obrador que traerá sin lugar a dudas un cambio en las estructuras políticas del país, no solo por pertenecer a un bloque político presuntamente diferente al que hoy gobierna, sino porque está comprometido de cara a la sociedad a hacer todo aquello que durante 18 años prometió a los mexicanos hacer si se confiaba en su proyecto.

Ya tiene los votos, ya tiene la confianza de la mayoría de los mexicanos que de manera copiosa salió el domingo 1 de julio a emitir su voto y que arropó su proyecto para dirigir a este país, ahora lo que le corresponde es responder a esa expectativa ciudadana mayoritaria y demostrar que en realidad es posible revertir tendencia, corregir errores y hacer las cosas distintas a favor de las mayorías.

A quienes no piensan igual que él, a quienes no estuvieron de acuerdo y votaron en un sentido contrario, corresponde entender que en la democracia se pierde y se gana y que el resto debe acatar la voluntad mayoritaria y aprender a trabajar al ritmo que la nueva administración federal nos toque, buscando siempre que nos vaya bien a todos.

Lo peor que podría pasar a este país es llevar la disputa electoral más allá del domingo 1 de julio, más cuando los que no ganaron tuvieron la entereza de aceptar la derrota e incluso desear suerte al vencedor, incluso demostrarse dispuestos a colaborar a un proyecto nacional en el cual creo que hacemos falta todos porque un hombre solo no va a poder transformar esta nación, por más poderoso que sea o por más votos que secunden su propuesta.

Es tiempo de reunirnos, de reconfigurar a la nación, de reestructurarnos como país para poder tomar lo bueno de esta experiencia electoral y hacer que le vaya bien al país, no a un grupo, no a una persona, no a su familia, sino a todos, porque de eso se trata el respaldo de los sufragios emitidos copiosamente en las urnas el pasado domingo.

Pero el cambio no se dará en la Presidencia de la República a partir del 1 de diciembre de este año, no, en realidad el cambio se tiene que dar en cada uno de los mexicanos, asumir la posibilidad de hacer las cosas de distinta manera, de forma crítica pero propositiva, de forma en que en cada hogar mexicano se reconfigure todo aquello que hicimos mal los últimos años.

Hay que analizar claramente por qué votaron los ciudadanos como lo hicieron el pasado domingo.

Tenemos que ser capaces de transformar el término “a la mexicana” para pasarlo de un vocablo que funciona como sinónimo de hacer las cosas al aventón, a lo improvisado, a lo malo, a convertirlo en una palabra que hoy signifique hacer las cosas con calidad, con oportunidad, con eficiencia.

Ni López Obrador ni nadie más podrá erradicar la corrupción en este país si cada uno de nosotros no somos capaces de erradicarla en lo personal, en lo laboral, en lo institucional y en el día a día.

Nadie, absolutamente nadie, va a poder construir un país más armónico, más tolerante, más importante, si cada uno de nosotros no somos capaces de aportar la parte que nos toca para hacer las cosas bien desde nuestra familia, desde nuestra escuela, desde nuestro trabajo, desde nuestra calle, colonia y comunidad. La transformación está en lo personal, no en un proyecto alternativo de nación que nunca nos explicaron al detalle qué es, cómo es y para qué sirve.

Por ello, la invitación respetuosa es a no creer que el nuevo gobierno elegido el pasado domingo es la panacea y será capaz de resolver todos los males, todos los problemas, todos los rezagos y todas las carencias. Esa confianza depositada en una persona, en un proyecto, en un partido político distinto al que gobernó por décadas a esta nación, ahora debe respaldarse con un cambio de actitud desde lo personal, desde lo íntimo, desde lo que sí nos es posible cambiar.

Bien podríamos comenzar con un cambio de actitud, con un cambio que implique estar dispuestos a hacer mejor las cosas desde nuestro ámbito más cercano, lo que va desde ser capaces de sonreír, de pedir las cosas por favor, de agradecer cuando alguien hace algo bueno por nosotros mismos. Ese es el cambio de actitud que requerimos para hacer las cosas de manera diferente, para comenzar a encarrilar a esta gran nación hacia un rumbo diferente.

No dejemos en manos de una persona, de un grupo, de un solo partido político lo que nos toca en realidad hacer a nosotros mismos. Nadie, absolutamente nadie, va a venir a resolver lo que nos toca hacer distinto. Seamos capaces de aprovechar ese ánimo popular con el que se salió a votar el domingo para desterrar desde la intimidad cualquier vicio de corrupción, para acabar con la inseguridad desde un ámbito preventivo, no correctivo. Hagamos que el frente de nuestra casa o negocio luzca mejor por estar más limpio, más ordenado; dejemos de tirar la basura por la ventanilla del auto, hagámoslo como debe hacerse y veremos pronto que no era el mal gobierno sino la suma de malos mexicanos los que dimos al traste con la grandeza de esta gran nación.

 

Que no se engañen

 

Junto con la amplia y copiosa victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador fueron elegidos cientos de próximos presidentes municipales, diputados locales, federales y senadores de un mismo partido. ¿Está bien o está mal?

Está bien en el sentido de que serán parte de un proyecto nacional y su principal obligación será convertirse en espejo de lo mucho que Andrés Manuel López ha prometido a este país. Si cada uno de esos alcaldes se pone en serio a combatir la corrupción, a dejar los privilegios de grupos y personas para pensar por el bien de la mayoría, pensando siempre en los que menos tienen, entonces seguramente las cosas funcionarán mucho mejor de lo que actualmente ocurre.

Pero que no se engañen, la mayoría de esos presidentes municipales y diputados electos por la mayoría ciudadana no fueron elegidos por los ciudadanos de manera consciente y responsable, son, en la mayoría de los casos, productos de un fenómeno político derivado de la falta de conocimiento de los propios electores; es decir, no votaron a su favor, los ciudadanos replicaron su sufragio en las boletas pensando siempre en apoyar a López Obrador.

Juan Rodolfo Sánchez no ganó en Toluca, en Toluca ganó López Obrador; Gabriela Gamboa no ganó en Metepec la elección, la elección municipal de Metepec también la ganó Andrés Manuel López; la elección en Tejupilco no la ganó el diputado priista con licencia Manuel Anthony Domínguez Vargas, enfundado en la chamarra de Morena, no, en realidad la elección municipal de Tejupilco la ganó el líder nacional de ese instituto político, como tampoco ganó Raciel Pérez Cruz la alcaldía de Tlalnepantla, la verdad es que se la ganó López Obrador. Esa es la verdad.

Los alcaldes y diputados electos de Morena deben revisar, con humildad, si ganaron ellos o López Obrador les obsequió los cargos.

Sin embargo, ya están electos, ya tienen los votos necesarios para ser los próximos presidentes municipales de Toluca, Metepec, Tejupilco y Tlalnepantla, respectivamente, entonces lo que ahora deben hacer es ponerse a trabajar, dedicarse en cuerpo y alma a demostrar que los electores no se equivocaron, que son dignos de la confianza de los electores, que sí son capaces de llevara a buen puerto a sus respectivos municipios y encaminarlos hacia mejores estadios de desarrollo y progreso.

Lamentablemente la mayoría de los presidentes municipales del Movimiento de Regeneración Nacional que fueron electos el pasado domingo con una importantísima cantidad de votos de respaldo carecen de experiencia de gobierno, lo que seguramente se traducirá en un año 2019 de lento y tortuoso aprendizaje que se refleje en la capacidad de atención para los ciudadanos, por lo que ahora, como nunca, tendremos que dar un voto de confianza y tener mucha paciencia para comenzar a ver buenos resultados en esas administraciones municipales.

Deseo fervientemente equivocarme y que me callen la boca todos esos políticos electos en la ola de votos a favor de Andrés Manuel López Obrador y que resulten más buenos que el pan y más eficientes que reloj suizo, lo deseo de todo corazón, por el bien de millones de mexiquenses que tienen derecho a vivir mejor, por millones de mujeres que tienen la confianza depositada en ellos para que les vaya mejor, para que se retome la seguridad de las calles y todos podamos vivir en una entidad más armónica, más segura y productiva.

Confiemos y hagamos votos para que Juan Rodolfo Sánchez sea capaz de tapar en unos cuantos minutos todos los baches que tanto criticó; deseo fervientemente que le vaya bien, porque si le va bien a él también le irá bien a Toluca y si le va bien a Toluca nos irá bien a todos los que vivimos en esta gran ciudad.

También deseo con todo el corazón que la señora Gabriela Gamboa demuestre que es capaz de cumplir todo lo que prometió a los habitantes de Metepec, deseo que verdaderamente transforme ese amado municipio y sea capaz de convertirlo en el espacio digno que sus habitantes merecen, que deje a un lado cualquier rencor y se ponga a trabajar en beneficio de todos, porque de eso se trata desde el punto de vista social el efecto positivo de una elección constitucional.

Desde este espacio le deseo que le vaya muy bien a Raciel Pérez en Tlalnepantla y a Anthony Domínguez en Tejupilco, como deseo que les vaya extraordinariamente bien a todos y cada uno de los próximos presidentes municipales electos por los ciudadanos del Estado de México para las próximas administraciones que comienzan en el primer minuto del próximo año. En la medida en que cada municipio se fortalezca, lo hará también el Estado de México en su conjunto, y podremos todos los que aquí vivimos y convivimos tener un mejor entorno, un mejor espacio, mayores oportunidades de desarrollo y un camino correcto para avanzar.

 

El rescate del PRI

 

En política los errores se pagan, y aunque en el PRI estatal insisten en agarrarse del argumento del “Tsunami López Obrador” para curar sus heridas y culpas, lo cierto es que lo único que queda por hacer es iniciar un profundo trabajo de resucitación del otrora partido hegemónico del Estado de México.

Las causas de la sonora derrota sufrida por el PRI mexiquense el pasado 1 de julio sí debe ser motivo de análisis, pero lo más importante sin duda alguna es comenzar con la reconstrucción de ese instituto político al que tanto se le debe en el ámbito estatal y nacional.

¿Es importante reconstruir al PRI? O ¿es mejor extinguirlo y crear otra figura política para el país? En realidad es fundamental que el PRI se rehaga, se reanime y se ponga a trabajar.

En el escenario político que arrojó la reciente elección presidencial, de senadores, diputados federales, autoridades municipales en el Estado de México y legisladores mexiquenses a la próxima Legislatura local, es fundamental contar con un contrapeso de calidad.

El PRI ya fue una vez minoría en este país, después de la elección del año 2000, cuando el “Fenómeno Fox”, y fue fundamental su papel como oposición para evitar que la derecha hiciera más allá de lo que tenía que hacer en beneficio de los mexicanos, sin excesos, sin hacerse del poder completo.

Sin embargo, entonces el PRI tenía todavía cotos de poder importantes, más de 16 gubernaturas y una importante cantidad de representantes en el Congreso de la Unión. Hoy su situación será todavía más raquítica, le quedan ocho gubernaturas y cuando mucho tendrá 15 senadores, casi todos de representación proporcional en la Cámara de Senadores y una proporción similar en la Legislatura federal; es decir, el PRI será minoría, minoría, minoría.

Pero es muy importante que el PRI se reconstruya, porque de su actuación como minoría, como oposición seria y responsable, depende en buena medida la viabilidad de esta nación. El Revolucionario Institucional es el partido de la experiencia, en todos los ámbitos, y como tal debe aportar a la nueva conformación política del país.

A nivel nacional y a nivel estatal el PRI debe ser sometido a una purga completa y definitiva, pues ya se demostró que en manos de quienes está hoy nada más no camina, por lo que tendrá que actualizarse, modernizarse y poner en manos más hábiles y diestras para que cumpla su función de contrapeso real, no de la oposición que a todo dice que no, como otros actuaron antes, pero sí de marcar lo mal hecho y proponer cosas buenas.

A nivel nacional quizá el cambio dilate un poco más, pues además de que René Juárez Cisneros llegó en la última etapa de la campaña e hizo hasta lo imposible por evitar el hundimiento de ese gran barco llamado PRI, será cuestión de ver qué es lo que pasa con esa dirigencia nacional, si se confirma o simplemente se sustituye por alguien que tenga la capacidad y talento para casi revivir un muerto.

Pero a nivel estatal las cosas no disponen de tanto tiempo. Quienes llevaron las riendas en este proceso electoral demostraron antes, durante y después su poco talento y falta de tacto político, fueron víctimas de sus propios actos, por lo que de modo alguno deben ser objeto de paciencia. La reconstrucción del PRI mexiquense es para hoy, para ayer incluso, y no se puede dar un solo paso en ese sentido con “cabezas” ineficientes como las actuales.

Miguel Sámano Peralta, el más abocado para rescatar al PRI mexiquense.

Urge reconformar a ese instituto político. Talento sobra para llevar a cabo ese objetivo, solo es cuestión de tomar el toro por los cuernos y comenzar cuando antes ese reto que se antoja muy difícil y por lo tanto demanda de manos diestras, de un cerebro bien centrado y de una mano derecha muy firme para actuar, pero una mano izquierda muy tersa para conciliar y volver a atraer a los grupos, liderazgos naturales y personajes que prácticamente expulsaron quienes hundieron al PRI mexiquense en la miseria en que quedó convertido el domingo.

Miguel Sámano Peralta, actual presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, es el candidato más viable para esa misión. Conoce a los principales grupos priistas y ha sabido convivir sanamente con ellos, goza también de respeto de quienes ahora serán la mayoría y la fuerza política dominante, y tiene la juventud necesaria para pegarse de cuerpo y alma en tal objetivo.

Hay otros personajes de la política mexiquense más que pudieran entrar a este importante reto, pero la mayoría dilapidaron su capital político en la reciente elección y salieron algo más que raspados y chamuscados, por lo que evidentemente tiene que ser alguien que como Sámano Peralta por lo menos fue capaz de sacar adelante una de las pocas elecciones que ganó el PRI el domingo 1 de julio, al de su natal Acambay, en la persona de su propio hijo.

 

La última y nos vamos…

 

Ya que hablamos de reconstruir al PRI como un hecho político de primera necesidad en el nuevo panorama político del país, hay que poner un gran acento al importante papel que en ese reto jugará el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza, un hombre que lidiará ahora con una Legislatura totalmente dominada por el Movimiento de Regeneración Nacional, donde su instituto político, el PRI, apenas y estará representado.

Pero Del Mazo Maza es el único político de fuerza que le quedó al PRI en el país en el ejercicio del poder, porque aunque le tocó bailar con un momento tan drástico como el sismo del 19 de septiembre de 2017 casi llegando y antes de cumplir con una elección tan desgastante como la del pasado domingo, es a todas luces la única isla que le queda en un mar de color guinda en el que quedó sumergido el país.

Del Mazo Maza puede comenzar a trabajar ahora mismo en un proyecto político, intelectual y social que sea capaz de conformar la próxima candidatura priista a nivel federal, podría ser el próximo que intente recuperar para el PRI la Presidencia de la República, pues es el único que cuenta con una posición política de renombre desde la cual podría construir esa posibilidad.

Alfredo del Mazo Maza, posición estratégica para revivir al moribundo PRI nacional.

Para ello, más allá de una oferta mercantilista, de una imagen de mercadotecnia, lo que requiere es ponerse a trabajar desde lo profundo, desde la sociedad a la que sirve; necesita dar los mejores resultados que gobierno alguno emanado del PRI sea capaz de ofrecer, para desde aquí, desde el Estado de México, sea capaz de recuperar la confianza perdida por su instituto político con el desgaste natural que dan tantas décadas en el ejercicio del poder.

Dentro de 3 años Del Mazo podría repintar de tricolor al Estado de México, porque para entonces ya no habrá la “esperanza” que ahora volcó la elección de un solo lado, porque dentro de tres años ya habrá cometido suficientes errores y brindará suficientes decepciones a quienes tanto confiaron en él quien fue electo mayoritariamente el pasado 1 de julio.

No se necesitarán más de tres años para que los alcaldes y diputados que fueron arrastrados por el “Tsunami López Obrador” hayan demostrado su verdadero tamaño y la sociedad llegue a la conclusión de que el cambio no fue lo que esperaban y que en realidad no eran súper mujeres ni súper hombres para ofrecer en unos cuantos días un país distinto.

Del Mazo, pues, está llamado a ser la cabeza del movimiento político nacional que vuelva las cosas a su conformación histórica, no para hacer los mismos errores del pasado, sino todo lo contrario, para demostrar que los errores se superan con experiencia, capacidad y entereza cuando se trabaja a favor de la sociedad. ¿O no?

 

 

 

 

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